¡ALERTAS!

Los derechos de los mendigos

Mala cosa cuando en una sociedad hay que seguir hablando de los derechos de grupos de personas (mendigos, niños, mujeres, homosexuales, emigrantes, etc.) en vez de fijarse en general en los derechos humanos o derechos de cada persona.

Han recorrido por las televisiones y plataformas del mundo, las imágenes de unos hinchas holandeses humillando a unas mendigas en la plaza mayor de Madrid, y eso ha dado lugar a indignaciones y condenas. Pero en línea con los sucesivos comentarios que pueden obtener de esta serie de aportaciones, nada de esto es de extrañar cuando las sociedades avanzadas siguen olvidando los derechos en la educación infantil.

Una cosa es que los cafres que tiraban monedas al suelo para que las zíngaras los recogiesen, no tengan remedio, pero otra muy distinta es que la policía local o nacional no procediera a la detención inmediata de los hinchas por la comisión de un delito flagrante contra la dignidad o la integridad de las personas.

Igual que ahora casi todo el mundo reacciona ante las agresiones machistas, pues se ha creado la conciencia de repulsa social tras muchos años de campañas, los espectadores y la fuerza pública deberían haber actuado de inmediato ante este espectáculo sin que hubiera dado tiempo a grabaciones y márgenes de asombro.

Lo que sucede, simplemente, es que el común de la ciudadanía tiene varios hervores menos de educación cívica de los que son necesarios, pues el sistema educativo persiste en hablarnos, desde chicos, de mil cosas, en uno o varios idiomas, pero no se centra en enseñar junto con el abecedario primero y más temprano, la otra alfabetización humana inaplazable, que es la de conocer uno por uno los derechos propios y los ajenos, para vivir en sociedad.

En este caso, la repulsa social refleja un sentimiento de estupor colectivo que prueba que los derechos humanos los sentimos todos naturalmente, y actuamos frente a las agresiones a nuestros semejantes, pero eso no basta tras tantos años y tantos muertos para consagrar los derechos. Y nuestra sociedad debería de saber actuar con inmediatez desde la ley ante estas situaciones.

Dicho y condenado esto, no puedo dejar de añadir un tirón de orejas a muchos de los hipócritas que se asombran al ver a las mendigas en el suelo, y no son capaces de reprimir la limosna cuando éstas, por tradición, incultura o necesidad acuciante, utilizan a niños para pedir. Miles de años ha tardado nuestra sociedad en sacar a los niños de las calles para ahora hacer la vista gorda con aquellos que los utilizan para un beneficio, aunque sea de subsistencia.

Las señoras piadosas que a la salida de misa dan limosna a quienes esgrimen a bebés o niños, son una especie de hooligans holandeses involuntarias, producto de una sociedad que no utiliza la dignidad y los derechos como lección primera en los planes de educación infantil y primaria. Si alguien se ofende con la comparación me alegro, pues quedará un recuerdo cuando se vea de nuevo en esas circunstancias: activa y pasivamente nos corresponde cortar la espiral de sometimiento que arrastran generaciones de mendicantes.

Enrique Belda Pérez-Pedrero

Enrique Belda oct12 (4)

 

 

 

Pueden seguir esta serie en Facebook Enrique Belda Pérez Pedrero. Publicado el 22-3-2016.

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