¡ALERTAS!

Las nuevas elecciones, su coste y otros lugares comunes

La melodía que se repite en las redes sociales y buena parte de opinadores en medios de comunicación, a raíz de la repetición de elecciones el próximo 26 de junio, es que nos van a costar mucho y que, de nuevo, los políticos no sirven para nada.

Como siempre estas cosas que la gente dice son de una verdad parcial y relativa, y esconden la falta de autocrítica personal y social ante problemas de fondo.

Me parece bien que se gasten lo menos posible para unas nuevas votaciones, y en eso ya están de acuerdo los partidos políticos. Es un hecho que las campañas son, desde hace al menos dos décadas, permanentes a lo largo de toda la legislatura, e incluso los días así llamados oficialmente, cada vez tienen menos incidencia en el voto final. Sentada esta realidad, me parece una torpeza que como sociedad nos pensemos que este gasto es algo absurdo o innecesario cuando solo es una gota en el mar del gasto público nacional.

El debate real e institucional de estas elecciones repetidas es ver si los electores estamos a la altura de las circunstancias, pues la Constitución nos ofrece la posibilidad de corregir el resultado de las anteriores elecciones. Ha quedado claro que la mayoría de nuestros representantes no han estado finos, y por eso somos llamados de nuevo.

Así que más valdría criticar solo lo sucedido hasta ahora y el gasto efectivo que la efímera legislatura agotada haya podido generar, imputándolo políticamente a quienes no han querido sumar mayorías. Lo que pasa es que esta última operación de crítica es claramente peligrosa, porque deriva de la percepción y sentimiento de cada votante.

Yo opino personalmente que quien no ha estado a la altura es el líder del PSOE, por no aceptar la grosse koalition con el PP, y esgrimir esas inventadas diferencias de fondo que solo sirven para comercializar su producto político. Sin embargo, muchos otros pensarán que ese voto del PSOE a Rajoy es inasumible, y por ello las elecciones son una salida mejor.

Por tanto, vamos a aprovechar esta previsión constitucional de obligada disolución, para de una vez pensarnos bien dónde llevamos al voto, y no esperar luego que, si nosotros nos damos a impulsos irreflexivos, la clase política lo soluciona.

Más responsabilidad y menos escurrir el bulto. En cualquier caso, desde un punto de vista de perspectiva político-constitucional, debo deslizar aquí una maldad: si vamos a elecciones porque nuestros representantes no han podido ponerse de acuerdo en el Congreso, parece inquietante que todos los partidos políticos digan que van a presentar a los mismos candidatos a diputados y, especialmente, los mismos candidatos a la Presidencia del Gobierno. Un contrasentido, ¿No?: resulta que nosotros tendremos que ejercitar nuestro civismo revisando nuestra decisión de hace seis meses, pero siempre que sea admitiendo la inmutabilidad de las cabezas.

Es como si en el concurso de limoná de la Pandorga de Ciudad Real empataran dos peñas, y en vez de hacer otro brebaje de desempate, hubiera que seguir catando el que ya está hecho, recalentado y meneado.

Enrique Belda Pérez-Pedrero

Enrique Belda oct12 (4)

Pueden seguir esta serie en Facebook Enrique Belda Pérez Pedrero. Publicado el 3-5-2016.

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