¡ALERTAS!

Curiosidades (VIII)

Si soy libre, es porque siempre estoy corriendo. Con esta máxima por bandera desde que el homosapien descubrió el sentido del tiempo va por la vida como el conejo blanco de “Alicia en el País de las Maravillas” gritando «¡Ay Dios! ¡Ay Dios! ¡Voy a llegar tarde!».

Y para no llegar tarde empezó a cavilar de qué forma podría controlar el tiempo; y en uno de esos estados de éxtasis, los egipcios que siempre han sido muy adelantados a su tiempo, inventaron el reloj de Sol y lo ubicaron en el Valle de los Reyes, una especie de Puerta de Sol pero sin uvas de Nochevieja.

Se halla en un fragmento de caliza, un ostracón, al que se le ha dibujado un semicírculo de color negro, dividido en doce secciones de alrededor de 15 grados cada uno.
Una ranura, en el centro de la línea horizontal de la base, de casi 16 centímetros de largo, servía para entreverar un perno de madera o metal que proyectaría una sombra evidenciando la hora del día. Diminutas marcas situadas en el centro de cada sección, se utilizaban para medir el tiempo de forma aún más detallada.

El reloj de sol estaba situado en una zona de cabañas de piedra que se usaban en el siglo XIII para dar cobijo a los hombres que trabajaban en la construcción de las tumbas. El reloj de sol posiblemente fue utilizado para medir sus horas de trabajo. Fue el primer sistema de fichaje en una empresa.

Los árabes en el 1100 construyeron el error de engranaje más antiguo del mundo que aún sigue funcionando. Fue llevado a Comayagua en 1636 e instalado en la iglesia La Merced, posteriormente a la Catedral de Comayagua en 1711. Su mecanismo está compuesto por engranajes, cuerdas, pesas y un péndulo.

Claro está que los Reyes Españoles también le tomaron el gusto a lo de controlar el tiempo y coleccionaban relojes como el que colecciona cromos de futbolistas u otras fruslerías.
Hasta un total de setecientas veintiuna piezas, datadas entre los años 1583 y principios del siglo XX se encuentran repartidas por palacios y monasterios reales.

Carlos V y Felipe II sentían una desmedida afición por estos objetos mecánicos y científicos. De la época de Felipe II se conserva uno en forma de candil fabricado en Madrid en 1583 por el maestro bruselés Hans de Evalo. Casi todos los relojes de la Casa de Austria procedían de Alemania, y casi todos ellos pasaron a mejor vida en el incendio del Alcázar.

A Felipe V, primer monarca de la dinastía borbónica le gustaban los relojes de fabricación inglesa. Su hijo Fernando VI prefería pequeñas obras de coleccionista, lo que no le impidió admirar las obras inglesas fabricadas por John Ellicott y George Graham, a la par que fundaba las primeras becas Erasmus para que algunos relojeros españoles perfeccionaran sus estudios en el extranjero.

Durante su reinado llegaron a España los primeros relojes suizos con autómatas, extravagancias que deleitaron sus últimos días, como el conocido como El Pastor fabricado por Pierre Jaquet-Droz.
Su hermano Carlos III proyectó establecer una escuela de relojería en la Corte. Para ello impulsó y fomentó la apertura de una escuela-fábrica de relojería en Madrid con la ayuda de los hermanos Charost, relojeros franceses para perfeccionar la técnica aprendida por los españoles. Quería, así, iniciar la fabricación de máquinas que pudieran competir con la industria francesa y abaratar costes en una economía cada vez más pertrecha.

A Carlos IV lo único que le interesó de su reinado fue la colección de relojes ya desde su juventud. Instaló en palacio su propio taller, donde creó y reparó maquinarias. El rey y su esposa María Luisa de Parma destinaron grandes cantidades de dinero para mercarse un significativo conjunto destinado a decorar el Palacio Nuevo de Madrid y las casas de recreo, en especial la Casa del Labrador de Aranjuez.

El principal proveedor de tan magníficas piezas fue el francés François Louis Godon.
A él pertenecen los dos grandes relojes de mármol y bronce que ahora decoran el Salón del Trono del palacio madrileño; y el reloj conocido como La Péndola de El Tiempo, en la Antecámara Gasparini del mismo palacio. Durante este reinado también se fabricaron los mejores relojes españoles realizados por Manuel Gutiérrez, Manuel de Rivas, Antonio Molina y Salvador López.

Después de la Guerra de la Independencia, Fernando VII se encontró con los palacios ordeñados por los franceses. De ahí que solicitara inventario de los bienes, además de las polillas, que habían dejado los gabachos en los reales oficios.

Fernando VII que no hacía ascos a nada comenzó a comprar relojes en especial a los franceses aunque le hubieran dejado con lo puesto. La escuela francesa estaba de moda y las cajas de los relojes que representaban temas inspirados en la Antigüedad y en la literatura clásica era el no va más, y para más INRI, contribuían a potenciar la imagen del monarca. Sus sucesores, Isabel II, Alfonso XII y Alfonso XIII, incorporaron nuevos ejemplares siguiendo los cánones imperantes en la segunda mitad del siglo XIX y primera década del siglo XX.

Lucía Ballesteros

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