¡ALERTAS!

¿Para cuándo gobernantes de todos?

Ya saben que defiendo la existencia entre la clase política, de numerosos ejemplos de buen hacer y ejercicio ecuánime del cargo, pero cada vez nos vamos topando con más comportamientos contrarios a la esencia misma de la democracia, especialmente en nuevos alcaldes que, precisamente, tenían como objetivo regenerar facetas varias de la vida pública.

Hay regidores/as de grandes ayuntamientos que ignoran la base de su poder legítimo y de su cargo: han de ejercitar para todos la alcaldía. Cuando te conviertes en Presidente del Gobierno, Alcalde o cualquier otro cargo de gestión ejecutiva, debe pasar al último lugar la adscripción partidaria de origen, que se puede exteriorizar en los parlamentos y plenos de las corporaciones a través de la dinámica de grupos.

Pero desde el sillón de La Moncloa, o del Ayuntamiento, el interés público general debe sustituir por completo al de la fuerza que te ha aupado al cargo. Eso incluye también el plano simbólico y representativo: por muy militante, rompedor y comprometido con tus ideas que quieras ser, si eres alcaldesa de la capital de España no puedes ignorar tus responsabilidades faltando al acto central del Estado que solo se hace una vez al año.

Peor que eso es la soberbia y el agudísimo sectarismo de ignorar la voluntad de los que han votado al resto de partidos de ese territorio, especialmente en casos en los que eres cabeza de una mayoría minoritaria cortísima, dada la fragmentación de la corporación que te invistió. A las minorías hay siempre que respetarlas, y en el caso propuesto, la minoría adversa es, para colmo, mucho más mayoritaria que el grupo de gobierno.

Hasta por decoro, mesura, educación o prudencia, las Carmenas, Colaus y Kichis, deberían saber que gobiernan y representan a todos, y hacer sus revoluciones en positivo.

Lo primero que siempre procuran es molestar e importunar, y luego gestionar. En España llueve sobre mojado, puesto que la norma de comportamiento aceptada es recordar permanentemente que un partido gobierna en una institución, cuando la gente debería de olvidar ese hecho una vez terminadas las elecciones, viendo al elegido, desde ese momento, como su presidente o alcalde.

Los partidos son vehículos de la participación política, no los representantes. Una vez que pasan las elecciones, debería de cultivarse la recíproca confianza directa entre representantes ganadores y todos los ciudadanos, con independencia de si fueron los primeros votados por los segundos.

Enrique Belda Pérez Pedrero

Enrique Belda oct12 (4)

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