¡ALERTAS!

Biblioteca y Proyecto Cívico

Convivir no es coexistir. La vida en comunidad necesita un proyecto cívico, y a ese proyecto, que es el modelo de convivencia de cada sociedad y de cada pueblo es la cultura que nos es propia.

Por lo tanto, si queremos convivir, compartir un espacio común, tener un trato que se fundamente en el respeto y tienda a la igualdad y a la solidaridad como factores de cohesión y de solidez ética, los poderes públicos deben establecer las condiciones para que todas estas actitudes y valores arraiguen y se desarrollen. La conclusión de este planteamiento solo puede ser una: si la cultura es nuestro modelo de convivencia, es evidente que debe formar parte de las políticas públicas, y uno de sus marcos esenciales de implantación y difusión debe ser la biblioteca.

La historia nos muestra la biblioteca como un ámbito de la memoria y del saber, como una concreción del espíritu de los pueblos. Así es también en el presente; sin embargo, la biblioteca ha dejado de ser, exclusivamente, un archivo del conocimiento, junto con un depósito de libros al servicio de la recreación estética o de la satisfacción del anhelo de saber del lector.

A Esas dimensiones de la biblioteca, que se mantienen y la hacen guardiana de las producciones culturales del pasado, se suma, en la actualidad, una misión dinamizadora, de respuesta a las necesidades e inquietudes individuales y grupales. La biblioteca, en definitiva, invita a la reflexión, a la labor intelectual personal, al placer absorto de la lectura, a la satisfacción de la curiosidad…, actividades que la han definido desde siempre, pero, en la actualidad, la biblioteca también es debate, creación y exhibición de obras de todas las expresiones culturales, espacio público para todas las voces que quieren hacerse escuchar y, en definitiva, embrión de las ideas y manifestaciones que provocan los cambios en la dirección del progreso.

Esta mutación de la biblioteca pública es una verdadera revolución que sitúa la cultura en el eje mismo de la evolución social, pero también de la vida política y económica. No debemos perder de vista que vivimos en el seno mismo de la sociedad de la información, y que es precisamente ese factor, el del acceso a la información y su transformación en conocimiento lo que determina, a día de hoy, la posición económica de las personas y de las naciones, lo que, a su vez, exige determinados posicionamientos políticos para la gestión y la administración de lo que todos somos partícipes y artífices. Convertir las bibliotecas públicas en verdaderos núcleos abiertos e igualitarios de información, en filones de posibilidades de desarrollo, es, sin duda, una demanda que establece el signo de nuestro tiempo y que debe determinar, en buena medida, uno de los objetivos básicos hacia los que debe tender la biblioteca pública del presente y del futuro.

Y, de la misma manera que la biblioteca debe ser factor de compensación, de tal manera que se dé la condición de la igualdad en el acceso a la información, también debe funcionar como servicio que garantiza el ejercicio de un derecho básico: la educación, entendida no como formación reglada, sino como pedagogía social, como aprendizaje entendido en ámbito de participación social, como complemento y extensión de la educación ofrecida en la institución escolar, y, en suma, como elemento que contribuye, de manera imprescindible, a la creación de una conciencia crítica.

Por lo demás, la biblioteca es un aglutinante básico que sitúa, en el mismo nivel de difusión, de atención y de desarrollo, la cultura de masas, la cultura canónica y la cultura popular y tradicional. Por ello, se convierte en el punto de partida perfecto para ahondar en un ámbito nuevo, estratégico por lo que tiene de amalgama de economía y de cultura, de trabajo y de ocio: me refiero a las industrias de la cultura.

En definitiva, hoy, 24 de octubre, celebramos el Día de la Biblioteca y lo hacemos conmemorando lo que ha sido, desde los inicios mismos de la historia, una institución básica para la articulación de todas las civilizaciones y culturas. Pero esta fecha, en nuestro tiempo, no sólo debe servirnos para ratificar lo que la biblioteca ha sido desde siempre, sino que también debe inducirnos a reflexionar acerca de las inmensas posibilidades innovadoras que la biblioteca tiene en el presente y en el inmediato futuro.

Ángel Felpeto Enríquez

Consejero de Educación, Cultura y Deportes

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