¡ALERTAS!

La presidenta del Parlament de Cataluña y otros hooligans

No me extraña en absoluto que siempre que va un político a la universidad, que no sea de Podemos o afín, haya bronca y manifestaciones con capuchas, amenazas, insultos y malas formas. Nada hay más sano que las protestas en la universidad, con la pequeña matización de recordar a los manifestantes que ahora no estamos en el franquismo, y que tienen todo el derecho a hacerlo sin taparse la cara y pasar por encima de los derechos de los demás, que van a hablar y a escuchar en libertad.

Uno tiene el derecho de seguir a Podemos y creerse ese mundo, pero nunca a hacer callar el de la palabra y de la reflexión, que es lo que combaten en el fondo.

La pitada violenta a adversarios políticos en un régimen de libertades, lo que hoy traslada a la opinión pública es que una parte rebuzna fuerte para que otra no hable, vistiendo la ausencia de razones con apelaciones a la “tradicional protesta estudiantil”.

Hablad sin manipulaciones, ni amenazas, ni montajes y seguro que vencéis, con poco, al dúo Cebrián-González (nótese ahora quien es el principal). Digo que no me extraña que la gente, los de la Universidad o cualquiera, actúe convencida de la impunidad de sus métodos, cuando relevantes autoridades públicas dan por sentado que la ley democrática se puede desobedecer apelando a sus propias entendederas.

La presidenta del parlamento de Cataluña está plenamente convencida de que no es una delincuente puesto que nadie la ha explicado nunca que los votos de cualquier parlamento del mundo te permiten ejercitar solo las funciones que las normas te encomiendan, y no otras. Y que no puedes apelar a principios generales o ideas o religiones, para quebrantar la ley democrática, y con ello los derechos de toda la población.

Es muy de los nacionalistas, como de los que ponen su religión o credos por encima de las normas que entre todos hemos hecho, pensar que su conciencia es el patrón único de comportamiento, y que no es necesario convivir con los demás para llegar a un punto medio. Esta señora a la que me refiero, además, tiene capacidad intelectual y formación suficiente para comprender que está prevaricando, también que está mintiendo cuando afirma que en España no hay separación de poderes y acusa a los jueces de vendidos.

Tiene todo el derecho a consagrar su vida a la independencia de Cataluña por encima de todo, pero no a imponerlo a los demás, ni a quebrantar la Constitución ni la Ley.

Este tipo de personas son lo peor de la democracia porque trasladan la idea de que vivimos más en un Estado subjetivo y caprichoso, donde manda lo que cada uno piensa como bien superior, y no en un Estado de Derecho.

Si los que están investidos de autoridad actúan contra la propia ley que les da poder, no pidamos a unos chavales de la autónoma de Madrid que crean en el sistema, que no insulten, impongan y amenacen: el respeto a la ley democrática no se está enseñando ni en las aulas ni en las instituciones.

Enrique Belda Pérez Pedrero

Enrique Belda oct12 (4)

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