¡ALERTAS!

Los Santos, los difuntos y los halloweenes

El comercio, el consumo y la venta son referentes de nuestra forma de vida. Pueden ser compatibles con ideas filosóficas o religiosas, como la Navidad lleva demostrando más de un siglo, pero si llega un momento en el que la festividad no provoca una felicidad e ilusión tal, que nos retrae de aflojar la mosca y gastar, los que nos mueven están en la obligación de inventar otra cosa.

Así es y será. La pequeña España ha constituido un chollo para el consumo porque ya tenía unos Reyes Magos, y llegado el momento, tan solo hubo que introducir a Santa Claus o como le queramos llamar al borracho obeso, para duplicar el gasto de las familias en Navidad.

La festividad del 1 de noviembre y su acólito de difuntos, el 2, hay que reconocer que era potencialmente escasa para los dueños del mercado: tan solo el gremio de floristas, con sus claveles y crisantemos, y el de los pasteleros, con sus huesos y buñuelos, hacían negocio en estos días.

La ilusión por experimentar y acumular vivencias que tiene todo ser humano, y que le anima a consumir y celebrar, no se veía motivada ni por la visita a los abuelos en el cementerio, ni por asistir a un Don Juan Tenorio, mucho menos con personajes tapados hasta las cejas (otra cosa hubiera sido que Doña Inés apareciera más de guarrilla y D. Juan luciendo tórax).

En definitiva, que la llegada y venta de Halloween era solo cuestión de tiempo, y nada pueden hacer los que tímidamente lo denuncian en las redes sociales. Sus eventos van dirigidos a un ámbito infantil y juvenil que lo disfruta, que impone una nueva línea de consumo, y que edulcora el tema del miedo y de la muerte con un envoltorio de fiesta y adrenalina.

El cierre del año fiscal en el mundo, exige que ningún producto quede en almacenes, y fiarlo todo a la Navidad es un riesgo. Hay que intentar que todo el año existan motivaciones que dinamicen la economía y Halloween ofrece la excusa.

Ahora bien, no olvidemos que este reclamo ocupa, como mucho, una semana, por lo que la tendencia es también exportar la extensión del fin de año norteamericano, que ya vive el ambiente desde mediados de noviembre y lo enlaza con el Día de Acción de Gracias. Todavía no nos han vendido esa fecha como producto, pero sí la esencia mercantil de la misma: el blak friday, o día de la consagración de la compra compulsiva.

En fin, queridos lectores/as/os: que disfruten del producto pero sean moderados en los gastos, y no olviden que la Santa Muerte, que dirían en buena parte de la otra América, nos recuerda la fugacidad de estos días que vivimos por la tierra para que cambiemos de actitud ante el prójimo, y no para que desperdiciemos los bienes ante la imparable marcha del tiempo.

Enrique Belda Pérez Pedrero

Enrique Belda oct12 (4)

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