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El Quijote para niños

Los Encuentros con Cervantes afrontaron anoche en Alcázar de San Juan las adaptaciones infantiles de El Quijote a lo largo de la historia de la mano de la filóloga Ana María Navarrete y de Nieves Martín y Alberto Urbiales, autores del estudio crítico “El Quijote para niños y jóvenes 1905-2008”. Los tres dieron cuenta de la larga lista de versiones que ha tenido la obra de Cervantes desde el siglo XIX.

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Nieves Martín abrió fuego con un repaso por las diferentes adaptaciones de la obra en España. “La primera versión infantil fue “El Quijote para niños y para el pueblo” de Fernando de Castro en 1856, que equiparaba lo popular y lo infantil. Ya a principios del siglo XX la editorial Hernando recupera ese texto que se publicó hasta 1962”, indicó la filóloga que distinguió entre las versiones didácticas y las lúdicas. “En 1920 un Real Decreto hizo obligatoria la lectura diaria del Quijote en clase durante 15 minutos, y a través de esa lectura se repasaban otras materias y se proponían ejercicios”, indicó Martín. “Más tarde, el franquismo se apropió del Quijote como instrumento de propaganda e hizo una recreación protagonizada por Flechín y Pelayín, en referencia a la revista falangista de la época”.

La filóloga señaló los años sesenta como el momento de aparición de auténticas ediciones para niños más allá de lo didáctico. El recorrido abundó en las revisiones de las grandes editoriales españolas, en la ampliación a otros formatos como dibujos animados o cómics, hasta llegar a 2005 año prolífico en adaptaciones al coincidir con el cuarto aniversario de la aparición de la primera parte de El Quijote.

La intervención de Alberto Urbiales fue paralela a la de Martín. Su repaso histórico se centró en las ilustraciones de las diferentes ediciones desde que Calleja publicó su primera edición de El Quijote en 1905. “El Quijote es el gran libro de la literatura en español y por eso se le trata con mucho respeto. El argumento podría referirse como la actitud ante el loco: puedes reírte de él o comprender su nueva visión y generalmente pasa lo primero”, concluyó. El repaso visual abarcó desde los ilustradores más realistas como Manuel Ángel a los rompedores de los años setenta, como Fabo. De entre ellas Urbiales destacó la de Pablo Auladell, una de las pocas que decide “comprender” lo que ve Don Quijote.

Coleccionista de Quijotes

Ana María Navarrete cerró la conferencia hablando desde su “experiencia personal como lectora y como coleccionista de libros”, algo que lleva haciendo más de 25 años. Para ella los niños pueden entender el Quijote: “a los niños le gustan las aventuras y el humor disparatado, y eso lo ofrece Cervantes”.

Su colección de versiones infantiles de El Quijote comenzó con la que estudió su madre. “Con siete años aprendían dicción, prosodia, ejercicios fonéticos y entonación con los capítulos de El Quijote. Mi madre siempre decía que fue la obra que más le costó leer en la vida y que releerla también fue difícil, como confesó años después Miguel Delibes, pero esa fue una generación de grandes lectores que además escribían bien”, señaló Navarrete.

Su colección, de la que mostró un extracto, abarca versiones de fines del siglo XIX y principios del XX de Holanda, Francia o Estados Unidos. “La historia de estas adaptaciones es la historia de esos países, los países más ricos y alfabetizados tienen las versiones más antiguas mientras que en España se siguió trabajando con el texto original del Siglo de Oro hasta bien avanzado el siglo XX”.

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