¡ALERTAS!

USA: cuando el sistema electoral daña la democracia

Bastante difícil es explicar a cada ciudadano/a los problemas que cualquier sistema electoral tiene, para que encima, todavía, algunos de ellos como el utilizado para elegir la presidencia de los Estados Unidos, sea capaz de poner como ganador al que ha quedado segundo en votos del total del pueblo. Si el resultado, además, es que se beneficia un sujeto que no cree en ese sistema, el daño a la democracia representativa es atroz.

En efecto, siempre es difícil poner unas reglas para convertir los millones de votos de los ciudadanos en escaños de una cámara representativa, pues las distorsiones que crean las circunscripciones o las barreras electorales de participación (mínimos de votos a obtener), son, entre otros muchos, factores de interferencia para conseguir un parlamento que sea el reflejo más aproximado de la voluntad popular expresada en las urnas.

Lo que no parece explicable es que algo tan sencillo como que el pueblo elija a una sola persona, de entre ellos, para la presidencia de una república, tenga que dar lugar a una situación como la que ahora vive Estados Unidos (y el mundo) en el que el vencedor es el segundo de entre los votados.

Es insólito y daña la imagen de la ya de por sí tambaleante credibilidad de nuestros sistemas electorales y de representación. El modelo de “votos electorales” norteamericano mediante el cual, todos los apoyos de un Estado federado van a parar al candidato que allí gana, perdiéndose el resto de opiniones por numerosas que sean, sumado a otras notas como la sobre-representación de Estados pequeños, posibilitan lo que ha sucedido.

Cuando se estableció este modelo en USA, dos siglos atrás, gozaba de mejor razonabilidad, puesto que la ausencia de comunicaciones demandaba de un mayor peso de los representantes de cada territorio para decidir, en último término y una vez conocido el perfil del candidato, directamente en la capital federal, si trasladaba hacia él la voluntad de sus vecinos. ¿Ahora? Pues ya ven. Agárrense al asiento al menos cuatro años.

Recuerden que algo similar sucedió en la Cataluña de principios de este siglo cuando el PSC ganó en votos a Convergencia i Unió pero los segundos tenían más escaños de diputados en las circunscripciones pequeñas más sobre-representadas que la de Barcelona (Girona, y Lleida), posibilitando el apoyo final de los electos al candidato nacionalista. Hay que actualizar las reglas del juego para, como mínimo, impedir que gane el segundo, más cuando se trata de una magistratura unipersonal de una república presidencialista, y no una democracia parlamentaria como la nuestra, donde la asamblea representativa (Congreso de los Diputados) otorga la confianza al presidente del gobierno.

Enrique Belda Pérez Pedrero

Enrique Belda oct12 (4)

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