¡ALERTAS!

Los opinadores ya no nos representan

Afortunadamente, con las redes sociales y la democratización de la dinámica de expresarse, ya no tenemos que estar sometidos a una serie de señoras y señores que van sentando verdades en prensa, radio y televisión, opinando de todo y de todos, y generando debates que solo a veces nos interesan.

Antes, los directores de los grandes medios tenían la facultad absoluta de llevarnos por sus calles de la amargura, generando siempre decisiones en la ciudadanía según les conviniera a los poderes económicos que les pagaban.

Así sucedió en uno de los períodos más negros de la historia de España cuando dos grupos de comunicación crearon una grave fractura en la sociedad enfrentando a millones de personas en torno a las banderas sobre la autoría del 11 de marzo de 2004.

Dos tinglados de influencia económica y ética pusieron sus perros ladradores a azuzar a una España noqueada, y cientos de miles de personas se despertaban con la mala leche de Federico, o del otro en la otra parte, que con mejores modos y corbatas, era todavía más venenoso.

A medida que las redes, blocs y aperturas de medios nos dejan decir lo que queremos, desciende el control de las campañas orquestadas, y eso, sin duda, es muy bueno: las eléctricas que nos pisotean ya tienen que aguantar críticas, o los bancos que nos gobiernan se han de esforzar en buscar al menos un poquito de vaselina.

En estos años de crisis, además, se ha acentuado el divorcio mental entre los tertulianos pagados de los mejores medios y la realidad de la calle. Gente de muchísimo nivel y reconocido prestigio y profesionalidad, se va pegando una torta tras otra en las predicciones económicas, sociales y electorales.

Fíjense, por ejemplo, en la amplísima crisis de la izquierda moderada o tradicional de España: tiene en su seno decenas de participantes en emisoras y una cohorte de columnistas que no se termina de enterar que el mundo ha cambiado. Ellos siguen manejando la displicencia con los nuevos movimientos tipo Podemos y les evalúan desde una auto asumida superioridad intelectual y hasta generacional.

Al tiempo, prolongan su mentira vital sobre las maldades genéticas de la derecha, como argumento para justificar que su trayectoria de progresistas sigue teniendo objetivo. No aciertan con lo que nos interesa, ni con lo importante. Y cuando dan con el tema, plantean enfoques maniqueos y cutres. Por la derecha, más o menos: es asombroso ver en las últimas semanas la cantidad de abogados de oficio que le han salido a Mr. Trump, sin otra finalidad que molestar a cada progre del mundo que, con bastante razón, está asustado con el nuevo mandatario.

El reino del reduccionismo está llegando a su fin. Los líderes de opinión, ahora, han de recapacitar para recuperar un análisis serio y abierto siempre a la duda. Los que no lo hagan, podrán reciclarse para fichar como animadores de alguna gala de Gran Hermano.

Enrique Belda Pérez Pedrero

Enrique Belda oct12 (4)

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