¡ALERTAS!

Otro falso debate: los horarios y la conciliación

Uno de los temas con los que nos van a adormilar en este recientemente llegado 2017, es el del replanteamiento de los horarios de cara a mejorar la conciliación de la vida privada, el trabajo, la productividad y el ahorro energético.

Lo que ha sucedido en el último mes ya nos dice el resultado final del tema: nada. El Gobierno planteó bien, en términos generales, lo único que tiene en su mano: la parte del problema referida al sector público. Enseguida, medios de comunicación y redes sociales nos llevaron a lo de siempre: ¿Estás a favor o en contra? Vaya estupidez, de nuevo, en esta España, reducir un problema de múltiples aristas.

Es algo así como si tuviéramos que elegir por toda nuestra comida y nos dijeran ¿pescado o carne?, habiendo pasta, verduras, arroces y vino. Sobre todo, mucho vino.

Todo esto es relativo y depende de cada uno de los millones de puestos de trabajo: estoy convencido que la mayor parte de actividad de la administración se puede concentrar de 8 a 15 horas, así como la enseñanza. Obviamente no, todo lo que se refiera a salud y prestaciones asistenciales.

En las fábricas, pues dependerá del producto. Y en el comercio, ya saben: me aburro de denunciar los millones que pierden las tiendas cerrando en fin de semana, momento en el que los que vamos a darle nuestro dinero podemos comprar, y no entiendo que un martes a las 9 de la mañana no tengan reparo en abrir.

El verdadero problema de todo esto de los horarios, en aquellos sitios que no requieren una atención programada al público, no es otro que el cáncer del presencialismo, típico de España y de los países más retrasados de la tierra. Así, tanto el sector público como la mayoría de empresarios, siguen midiendo la prestación del trabajo en unidades de tiempo, y no en objetivos.

Este patrón es la alegría de los vagos y escurridores de bulto, y dinamita el día a día del trabajador capaz y cumplidor, Es tan evidente que contar el trabajo por horas es un residuo del siglo XIX como imposible es cambiar la catetez, en este sentido, de toda la sociedad española, comenzando por sus agentes sociales.

Los horarios sólo para trabajos automáticos de atención al público, manufactura o vigilancia ¿Qué pinta en una oficina el que ya ha terminado el trabajo? ¿qué motivación tengo en mis labores si, haga lo que haga, debo aguardar a las seis de la tarde para marcharme, o si me van a pagar lo mismo que a quien deje pasar las horas con su whasapp en la mano, o huyendo a por el cafelito/cigarrito? Menos rollo de entretenimiento al ciudadano y más resultado es lo que hace falta.

Finalmente, en cuanto a no violentar la hora solar (tema que en el fondo nada tiene que ver con todo esto, y que también lo meten en el paquete mediático) parece claro que son muchas las evidencias de que estamos forzando desde hace setenta y cinco años nuestra natural relación con el sol, y nada pinta en nuestras vidas la hora de Berlín fuera de nuestro huso horario pertinente.

A ver si ya se toma la decisión y este mes de marzo dejamos quietecicos los relojes.

Enrique Belda Pérez Pedrero

Enrique Belda oct12 (4)

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