¡ALERTAS!

El fútbol y la madre que lo parió

Si creen que la colaboración de esta semana trata de utilizar la atención social hacia el fútbol coincidiendo con la Copa de Europa, para terminar criticando el exceso de importancia que se da a este espectáculo, y tras esto, yo colocando algún tipo de moralina, dejen de leer esto… Están en lo cierto.

Una mierda como un piano, es lo que me parece la cantidad de horas televisivas, de amigos, de redes, de memes y de memos, sobre lo que hace el Real Madrid, el Barcelona, y, cuando se acaban ligas y champions, los cuarenta torneos veraniegos y las conjeturas sobre fichajes.

Claro que me resulta fenomenal que millones de niños y niñas ya (eso es otra, el machismo que ha imperado en este deporte), se apasionen con ello, pero por Dios: jugando, no mirando. Y también me parece de perlas que la gente que ya no está en edad se desviva con el espectáculo y disfruten o penen con cada equipo. Pero de ahí a que le terminen dedicando, redes, televisiones y sobre todo radios, más tiempo que a atentados y demás noticias, existe un camino que nos debería avergonzar. Y lo más grave es que de ese tiempo supuestamente empleado en “deportes”, solo un escaso porcentaje se consagra al encuentro, y la mayoría es la política deportiva: los fichajes, lo que ha dicho un entrenador, lo que le ha respondido el niñato millonario etc.

El pasado domingo me dispongo a conocer los cinco goles que se habían producido en la final de Cardiff, de la noche anterior, que me perdí por temas familiares. No los vi hasta bien entrada la jornada, puesto que todo eran imágenes de la copa, del entrenador, de las autoridades, de la alegría desbordante de los hinchas, el Rey Juan Carlos con Carmena… Me gustaría saber qué narices estamos haciendo y cuánto, en el divertido apasionamiento de los programas especializados y de las broncas por whatsapp, ocupa el hecho en sí de los goles y del desarrollo del partido.

A pesar de ser un manta, me encanta jugar al fútbol, y siempre consideré que ganaba o perdía yo cuando terminaba un partido. Ahora, más de mil millones de personas, se ufanan de haber ganado (¿ellos? ¿qué leches ganan?), cuando su equipo hace doblete, y otros mil millones se hunden en la miseria y se creen unos fracasados porque su equipo perdió o, peor aún, porque ha triunfado el que no querían. En cualquier país que visito, de lo primero que me hablan es de los equipos españoles (incluido el Barça, por cierto), y lo demás es secundario.

Yo no digo nada pues hay sitios donde matan a la gente por lances futbolísticos. Aquí solo se insulta. Venga, que comiencen los improperios.

Enrique Belda Pérez Pedrero

 

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