¡ALERTAS!

El derecho, y la necesidad, de descanso

Parece mentira que todavía siga existiendo debate con este asunto, y lo que es más grave, que muchos jefes pongan en duda, o miren con mala cara, al que terminado el trabajo o el horario, se marcha a su casa.

Como en otras ocasiones, se ha montado un falso debate a raíz de las declaraciones de la presidenta autonómica de Madrid, sobre que no se iba a tomar vacaciones.

Puede que un político, en circunstancias críticas, deba asumir que, dada la temporalidad de su cargo, se tiene que saltar sus vacaciones, excepcionalmente. Dudo que lleve razón, pues está lanzando con ello el mensaje de que es imprescindible, o de que los que tomamos vacaciones, aunque sean de diez días, somos irresponsables.

El debate no es ese: la cuestión primera es la idea imperante en muchos países subdesarrollados, y lamentablemente también en España, de que, a más tiempo de trabajo, mejor cumplimiento y mejores resultados.

La lacra del presencialismo se suma aquí con un problema muy extendido en nuestro mercado de trabajo: está mal visto que yo me vaya a casa cumplidos mis horarios, o incluso que me marche de vacaciones, si me jefe se queda en la oficina o en el taller.

A todos nos ha pasado. Estamos, sencillamente, en una carencia de planificación del trabajo: no solo se vulneran derechos que ha costado siglos adquirir, fundamentalmente se ataca a la empresa (que se pretende defender y levantar) cuando no admites la realidad de que necesitas, día tras día, a empleados motivados y descansados para cumplir los objetivos.

Cuando nuestros jefes aman tanto el trabajo o carecen de vida privada, es una lástima que a veces no tengan otros superiores que les hagan ver que así tampoco benefician a los resultados del negocio o de la institución, pues la esencia del trabajo está en su ejecución cabal, y eso solo sucede cuando tu gente acude fresca y lozana.

Lo saben hasta los empresarios autónomos que tienen éxito: los beneficios se generan cuando tienes tiempo de pararte a pensar, para autoevaluarte y preparar nuevas metas, y no siempre el negocio abierto es negocio rentable.

Por último, como cliente o como consumidor, yo tampoco me fío de los que no cumplen con su familia, sus amigos, su salud física y mental o con su tiempo libre. Y para ser justos, diré por último que no me extraña, a veces, que los jefes se comporten como se comportan cuando dan con haraganes como empleados: gracias a los incumplimientos de unos, se traslada una sombra de duda sobre la mayoría de los currantes, y se generan los controles horarios excesivos.

Me viene de perlas todo lo que les estoy diciendo para despedirme unos pocos días y desearles felices vacaciones, y mandar un abrazo a los/las forzados “vacacionistas perpetuos” que están en el paro y que este debate les parece cosa de privilegiados.

Enrique Belda Pérez Pedrero

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