¡ALERTAS!

Solución de Cataluña: convivir con el problema

Buena parte de los políticos constitucionalistas y los antisistema de Madrid, van a querer vender su paquete político intentando ilusionar a los votantes con milagrosas soluciones para afrontar los deseos de independencia de parte del pueblo catalán, y conseguir que el resto recuperemos la tranquilidad. Hablarán de reforma de la Constitución, de Estado federal, plurinacional, o incluso de supresión de Comunidades Autónomas.

Todo eso es una mentira muy gorda: durante los próximos cincuenta años afrontamos un problema sentimental que las leyes no pueden atajar. Los independentistas catalanes consideran que tienen un cáncer llamado España, y los catalanes que se sienten afectivamente españoles, saben que tienen otro cáncer llamado independentismo. Por desgracia, unos y otros van a tener que convivir con la enfermedad, que solo matará, a unos, a otros, o a todos, si se ponen en manos de carniceros, curanderos, nigromantes o médicos alternativos.

La convivencia en paz, siendo conscientes del problema latente, es la única vía para iniciar una nueva era de reflexión y entendimiento que restañe las heridas que la manipulación del tema ha creado durante los últimos cien años. Nada tienen de especial los deseos de la gente: lo que es un problema es hacerlos coincidir con los derechos de sus vecinos.

Los nacionalismos siempre han sabido que el recurso a la simbología y al patriotismo tiene capacidad de tumbar miles de razonamientos ilustrados que se quieran interponer en el camino de la enajenación colectiva. Para estar a la altura de las circunstancias, los agentes políticos, de todos los partidos, y también los movimientos sociales (que aún queda alguno en Cataluña, incluso pro-independencia, que es consciente de este enfrentamiento irresoluble), deben aceptar, desde ya, la premisa de la convivencia, durante varias generaciones, entre Cataluña, sus diferentes opiniones, y España.

Lo demás es basura que nos divide: es patético aún ver cómo los que no aceptan esta realidad argumentan como salida barbaridades que todos hemos oído, o simplemente aprovechan para sacar votos: ¿cuántas veces hemos escuchado, allí y en el resto de España, que la verdadera realidad del problema de Cataluña es culpa de Rajoy y del PP?. Estas cuestiones desvían la solución del debate de fondo, cuyo único punto de partida es reconocer que el problema no tendrá solución en vida de casi ninguno de los que esto está leyendo, y que solo el imperio de la ley democrática aportará el necesario tratamiento para sobrellevar esta situación con la cual España no debe morir, pero entrará en una fase de cuidados y atenciones que en otras épocas y con otros comportamientos no hubiera demandado

¿Un primer fármaco para extirpar el cáncer que todos hoy ven?: Una educación basada en los derechos humanos y alejada de una enseñanza sectaria y de odio. Este sería un buen principio.

Enrique Belda Pérez Pedrero

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