¡ALERTAS!

Cuando se nos trata como ganado lanar.

Hasta los problemas irresolubles, tipo independencia de Cataluña, suelen tener una explicación. O al menos gran parte del conflicto, aunque siempre sea tarde, revela un posible origen: Si dejas que los ciudadanos se formen sin enseñarles sus derechos, puedes conseguir una sociedad maleable, aprovechando la desinformación.

Ese campo libre lo puedes emplear incluso para desarrollar buenas políticas sin que arraigue a cada momento un tormentoso debate. Lo que ocurre es que con ello se empuña un arma de doble filo: esas mentes, seguro que llenas de ciencia o idiomas, pero sin sentido crítico, ni conocimiento histórico, ni conciencia de los derechos, tienen una zona desocupada que llena el primero que se presenta.

La sociedades acríticas y complacientes llegan a un momento, por lo general cuando se acaba el trabajo y el dinero, que dejan de serlo. Siempre siempre, pero siempre, es más fácil que en ellas, entonces, penetre la consigna antes que el pensamiento, la generalidad manipulada, antes que la precisión reflexiva. Y existen unos expertos en rellenarnos este hueco descuidado por generaciones de demócratas: esos son los nacionalistas, sean fascistas o comunistas (todavía ignoro la diferencia entre ambos), a los que se vuelve a tardar varias generaciones en parar y vencer. Mientras, reina su mentira entre personas que matarían por creer que llevan toda la razón y que no se molestan en escuchar al resto.

En los sucesos de la España de estos días, se visualiza una amplia masa de personas, convencidas desde la clarividencia de sus entrañas, de que todo vale para saltarse la organización social. Si es evidente que chocan con la democracia, pues entonces es que es la democracia la que está mal. Si ese argumento no se puede vender, pues habrá que negar la mayor: es que entonces no hay democracia.

Estoy convencido, permítase la reiteración, del “convencimiento” de un millón de catalanes sobre sus certezas. Lo que me duele es la conocida utilización de esa certeza insostenible por parte de aquellos que sí que conocen todo este proceso de comportamiento gregario. Esos son los peligrosos. Hay uno más indigno de representarnos en democracia, que gran parte de los golpistas de Cataluña, pues muchos de ellos ni saben que lo son: es aquel que el 1 de octubre aprovechó el anunciado enfrentamiento para atacar la esencia de la democracia. Se apellida Iglesias y no es Julio Iglesias, ni ninguno de sus quinientos descendientes. Y lo sabes.

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