¡ALERTAS!

Televisión Española

El papel de los medios de comunicación públicos en una sociedad democrática es francamente problemático. En mi tierra había un periodista en un medio escrito de los pocos que quedan dependiendo de un organismo oficial, que defendía, puede que con algo de razón, una impronta de mayor calidad democrática en la dirección de este tipo de medios, ya que, a fin de cuentas eso de depender de los políticos de turno, estaba más en la órbita de la voluntad popular que vivir del dinero del consabido inversor, que no siempre es profesional comprometido con la información, ni con otra verdad que la que convenga a su capital.

Yo no estoy de acuerdo: creo en una pluralidad ilimitada en la que haya en juego montones de medios dependiendo cada uno de su malísimo empresario, y que entre ellos se hagan contrapeso. Lástima que, a veces, ello no sea posible en comunidades poco pobladas y con problemas de inversión.

Volviendo a TVE, lo que pasa es que intentar conjugar, muy especialmente en ese mundo de la televisión, una cara comercial con una vocación de servicio chirría de cara a ofrecer un producto de calidad que cumpla esa segunda visión, que ha de ser la principal.

Nuestra televisión pública estatal tiene una gran calidad y paga a buenos profesionales. En su haber tiene una tradición de seguimiento que le hace mantener un suelo de audiencia que es el más alto de los conocidos (con la excepción, posiblemente, de la televisión gallega, en esa Comunidad): muchos lugares públicos, los televidentes mayores y la propia numeración de los reproductores, le conceden una posición de salida ventajosa.

Pero luego la realidad se encarga de mandarnos a Netflix, a otras plataformas de pago, o a la radio y las redes. No puedes decir que es un lujo porque no emite publicidad si te castiga durante largo tiempo con los promocionales de su propia programación. No eres un servicio útil transmitiendo el pronóstico meteorológico si te colocan tres veces al día el tiempo en cada comarca de España durante casi un cuarto de hora, ya que cuando has visto tu sol sobre La Mancha te da lo mismo si va a soplar Levante en el Mar de Alborán.

Ese es el principal problema: la territorialización, que sería posible por su implantación en todas las Comunidades Autónomas con medios materiales otrora prolijos, pero que queda relegada a momentos sin audiencia, y al servicio de noticias intrascendentes o de sucesos, sin embarrarse en cuestiones sociales y políticas de calado, ni ofrecer una información inmediata particularizada, como esa del tiempo, que sobra en extensión en la programación general.

Otro grave problema es que se reserva la preeminencia de las noticias y el análisis al canal 24 horas (yo dejaría ese como único canal público) y se pasan emitiendo programas de cocina y series de manoseo histórico de buenos y malos. La dependencia editorial, una vez que hay más canales, no termina siendo su principal rémora. ¿cuál es independiente?

Enrique Belda Pérez Pedrero

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