¡ALERTAS!

La hora de fijar posiciones

Los partidos políticos son los mediadores entre el votante y su representante, el político, y su misión constitucional es la de ser vehículos de la participación, muy en especial llegadas las elecciones.

No se trata ni de que se adapten a los deseos de los votantes en general, ni tampoco que se dejen llevar por los más vocingleros apoyos propios: en lo que consiste su mediación es en articular unas líneas programáticas congruentes y, a ser posible sólidas, que ofrecer a diario.

Claro que pueden enrocarse en su ideario y no dejarse permeabilizar por la gente: están en su derecho, pero se quedarán para atender solo a los conformistas que estén de acuerdo con ellos. Y también pueden pasar al extremo contrario: a ver qué dice el pueblo, o mejor aún, los medios de comunicación y las redes sociales, para así actuar en consecuencia y limitarse a ofrecer sólo lo que la tendencia del momento marca.

La conciliación entre la inamovilidad de las ideas y programas, en un extremo, y la consagración de las veletas del trending, por otro, es una operación muy difícil que requiere de liderazgos. Con buenos líderes se puede intentar trasladar a la sociedad que los principios programáticos de un partido son de utilidad, al tiempo que se puede convencer a los propios de la necesaria porosidad y adaptación de las tendencias externas a los fines de su partido, lógicamente siempre que sean racionales y compatibles.

Llegados a casi un año antes de muchas elecciones territoriales y locales, y con la posibilidad, aunque vaga, de que las imprevisibilidades de los socios parlamentarios del Gobierno español forzaran un adelanto electoral general; no estaría de más pedirles a todos los partidos una claridad meridiana de posturas, para que podamos decidir, una vez que sus líderes han conciliado su programa con los anhelos populares (más o menos dirigidos), a quiénes votamos.

Es obvio que, si algunos no tienen ideario propio, esta operación de mixtura no se podrá realizar, y habrá que aguardar a que los vientos nos lleven. Esa situación es bastante más peligrosa, aún, que la de confiar en quienes están un poco encorsetados en lo de siempre, pues no siendo ello nada bueno, al menos es algo previsible en tiempos de mudanza.

Esperemos no tener que volver a decidir entre lo regular y lo malo, y que nos ofrezcan un contraste de ideas perfiladas, sin mudar de pensamiento de la noche a la mañana.

Enrique Belda Pérez-Pedrero

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