¡ALERTAS!

La distorsión de los debates allende las fronteras

En esta serie de colaboraciones venimos denunciando desde hace cinco años la manipulación que la gente, todos nosotros, hacemos de cualquier tema reduciéndolo a esquemas simplistas de blanco/negro, bueno o malo, evitando llegar a una aproximación de las verdades, que suelen estar en un punto, más o menos medio, entre los extremos.

Cuando, encima, se trata de opinar sobre una cuestión que pasa en otro país, la distorsión de la realidad alcanza proporciones significativas. Consciente de ello, una política mucho más avezada de lo que aparenta, la ultra anti sistema Anna Gabriel, ha elegido defender su posición política fuera de Cataluña.

Así, tiene la capacidad de vender su producto desde cero, aprovechando que en el país a donde va a realizar el montaje (hubiera sido igual en cualquier sitio), la opinión pública no tiene elementos de juicio suficientes para ponderar su situación política y procesal. Por lo tanto, a base de buenas palabras y poses angelicales, la pócima se la compran seguro. Por si fuera poco, se ha ido a Suiza, sociedad marcada por tantas ideas preconcebidas como la española, pero con una reconocida capacidad de sentirse por encima del bien y del mal, sosteniendo la ignorancia de muchas reglas internacionales como bandera (lo que, por cierto, utilizan sin decoro para hacer caja). Tras una buena ducha, un corte de pelo, una pasada de Rexona por el sobaco, y un acento dulce, el producto ya tiene una buena presentación, y se puede vender por si solo: soy pacífica y quiero votar porque eso es la democracia, pero en mi tierra hay un Estado opresor que nace de la dictadura. Vengo a que ustedes, abierto y justo pueblo suizo, me otorgue una especie de asilo práctico. Y la gente de Suiza, la buena que se lo cree, pero también las élites económicas que deben limpiar su pasado receptador del dolor de las víctimas de todas las guerras, y el coro de voces de la autocomplaciente revolución de vidriera y de comedor, se van a volcar con la dirigente anticapitalista.

Algunos dirán que es el Gobierno y sus diplomáticos, o hasta el CNI, los que tienen que informar y contrarrestar las tretas de todos estos, como hizo meses atrás con notable éxito ante la fuga de Puchi a Bruselas. Sin embargo, no creo que sea operativo ni decisivo entrar en debate con cada personaje que decida hacer su revolución particular: la ignorancia es la mejor forma de poner en su sitio a este tipo de gente.

El dinero y los medios hay que gastarlos para amparar y dar eco a los centenares de líderes sociales que verdaderamente necesitan protección porque en su país los matan, y son perseguidos hasta el extranjero, para envenenarlos, apalearlos, o ensuciar su lucha. La grandeza del derecho de asilo y de la condición de refugiado exige pasar por completo de esta activista anti-derechos humanos (quiere privar, de los más naturales y básicos, a dos millones de catalanes, como mínimo), y centrar la atención en aquellos/as que de verdad requieren esta figura. Los suizos (sus élites político/económicas, no todos ellos) pueden asilarla en la práctica, pero hay que entender que ellos son más abiertos que el resto: acogen maternalmente el dinero de nuestros mangantes, el de los judíos expoliados, el de la droga, el del crimen, etc. ¡Tan majos! con su corazoncito de chocolate derretido.

Enrique Belda Pérez Pedrero

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