¡ALERTAS!

Día de la mujer trabajadora, feminismo y reivindicación

Los días previos al 8 de marzo, y esa misma jornada, conocen de numerosas actividades de denuncia y reivindicación de la situación política, jurídica, social, pero sobre todo laboral, de las mujeres.

Este año el asunto principal ha sido la articulación de una llamada a la huelga en muchos países como eje fundamental de celebración y difusión. Es un tema tan complicado que parece una ligereza tratarlo en las quinientas palabras que encorsetan esta opinión.

Sin embargo, y justo por ese mismo motivo, las llamadas, las invectivas, las reacciones y, en general, las barbaridades que estamos conociendo en estas horas sobre el asunto, por minicortes de sonido, tweets, pies de instagram o desahogos de facebook; tienden a enrarecer la verdad más que ayudarla.

Muchas son las grandes lacras que estamos viviendo como sociedad en la atención de más de nuestra mitad: la violencia de género, las discriminaciones salariales, la precaria conciliación en el mundo laboral de la vida familiar y profesional, los micromachismos, los techos de cristal, la indignidad de algunas pensiones de viudedad… Cada asunto requiere una concertación social que ciertos vocingleros no pueden remediar sólo con culpar a las superestructuras y a sus gobiernos de turno.

¿Es la vía de solución una huelga? Puede que sí para la concienciación social, eso habrá que verlo. Pero esa huelga se ha de centrar en promover acciones reactivas frente a esos problemas, y desde luego no ser utilizada como arma política frente a cada Gobierno, dejando en segundo plano el debate de fondo de cada uno de esos asuntos. Muchos de los colectivos que alimentan esta convocatoria tienen una finalidad torcida, y preocupándoles estas lacras de la vida de cada mujer, anteponen otros objetivos, como ya se ve en estas jornadas previas en España, Francia o Alemania.

En el otro lado, buena parte de hombres (y mujeres) de todas las opciones políticas, pero con preminencia del voto a lo que se considera “derecha” (más o menos como me considero yo), siguen ignorando la necesidad de asumir una perspectiva más radical de la promoción de derechos, y de manera desinformada entienden ese feminismo como lo opuesto al machismo, atribuyendo toda suerte de males humanos, morales y económicos a las propuestas razonables e imprescindibles de igualación efectiva de las mujeres y los hombres.

Esta ignorancia sirve para alimentar, a su vez, la de quiénes desde un punto antagónico, también entienden que el feminismo es un camino de corte abrupto y casi violento, justificándolo como reacción a lo neoarcaico. El feminismo en la Europa de hoy es solo la incuestionable igualdad jurídica y practica (efectiva), entre hombres y mujeres, que ha de mostrarse, necesariamente en 2018, con la impaciencia propia que genera la persistencia de injusticias. Ni el desconocimiento ni la manipulación, deberían enturbiar este objetivo.

Enrique Belda Pérez Pedrero

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