¡ALERTAS!

La Pascua de Resurrección con el Papa Francisco

La sociedad sigue perpleja en toda Europa y América con buena parte de su clase dirigente. En realidad, el pueblo debería de quedarse extrañado consigo mismo, como ya vengo diciendo en buena parte de las últimas doscientas columnas que aquí escribo. El porcentaje de bondad, despabilo o, en su caso, corrupción del político, debe ser muy similar al que se puede encontrar en la ciudadanía.

Pero al tiempo que no terminan de morir viejos políticos y, algunos de los nuevos defraudan a alta velocidad, una cada vez más concienciada ciudadanía intenta pensar en una resurrección de valores, y también de modos.

Para los cristianos que estamos en la vida pública, el proceso desarrollado los últimos años con la llegada del Papa Francisco, es todo un ejemplo de la línea que deberían de seguir todos aquellos seres humanos que intentan despuntar a la cabeza de sus quehaceres. Para mí, la clave del buen recibimiento general del Pontífice reside en la sencillez y naturalidad que le acompaña. La sociedad está cansada de personajes que se creen el centro del universo y que viven para su propio narcisismo y endiosamiento. No sólo en las actitudes, también en la palabra, el Papa da en la clave del problema: el verdadero poder está en el servicio al prójimo. Trasladado al ámbito de la vida pública, políticos y pseudopolíticos (es decir, financieros, activistas, blogueros, periodistas, tertulianos, etc.) deberían aprender que no puede ser bueno despuntar socialmente a base del autobombo y de la exaltación de liderazgos y cohortes.

Lamentablemente esto no lo captarán si son seguidos y jaleados de un coro de palmeros que les recuerden lo importantes que son (acólitos que no dudarán en darles la espalda cuando su tiempo se haya terminado). Eso de vivir en una continua representación o exposición pública en las redes sociales, en ocasiones sentados sobre la impostación y un estudiado perfil, creo sinceramente que debe terminarse en todos aquellos que estén al frente de la vida pública o que la comenten.

Ahora necesitamos gente que le diga al pan, pan; y al vino, vino. Que se atreva a perder elecciones por pedir a sus electores responsabilidades y sacrificios colectivos. Si encima, se pudiera erradicar de la vida pública toda la grasa, representada por los que nunca aportan nada nuevo y viven de la cara de poker y el desapercibimiento (dos virtudes que otorgan longevidad en cualquier profesión) estaríamos ganando en frescura y sencillez.

El servicio, humano y público, según sea el caso, es la llave de una reforma social en este siglo. Que sea de una vez realidad, y que el más importante entre nosotros, sea nuestro servidor.

Enrique Belda Pérez Pedrero

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: