¡ALERTAS!

Las grandes empresas y los derechos

Entre las cosas detestables del capitalismo se encuentran todas aquellas que funcionan a veces como si de comunismos y fascismos se tratara. Una de ellas es la falta de capacidad para elegir con quien contratas tus servicios, especialmente los básicos.

Cuando nuestros derechos son vulnerados por una persona física o por los poderes públicos, más o menos podemos defendernos con paciencia, pero si se trata de personas jurídicas de gran complejidad y tamaño, estamos perdidos. Si a ello se les suma que en algunos casos actúan como un monopolio, burlando precios, condiciones y garantías, la indefensión del ciudadano es total.

A medida que pasan los años los poderes públicos han ido limitando el proceder abusivo de grandes empresas y compañías frente al ciudadano-consumidor. En el ámbito de la Unión Europea se ha avanzado mucho, y el progresivo sometimiento de las telefónicas es un buen ejemplo.

Queda mucho que andar en otros ámbitos: grandes bancos, empresas concesionarias de servicios, etc. En el mundo de las compañías que nos suministran recursos básicos como el petróleo y, especialmente, la electricidad, seguimos estando en sus manos para que dispongan lo que gastamos y ellos mismos tienen capacidad de burlar controles por múltiples procedimientos o quedar siempre en una situación de superioridad.

Todos tenemos algo que denunciar. Como siempre, más libertad significa más seguridad, y una mejor competencia nos beneficiaría a todos. Pues resulta que a estas alturas de siglo y lucha contra los monopolios, en un ámbito tan sensible como el de la protección del honor, la infancia y la vida privada, han surgido negocios internacionales de imposible vigilancia, como facebook o twitter, que pueden hundirte la vida aunque no quieras participar en ellos, por ejemplo, si otra persona, sin ningún freno, usa tu nombre. O si un especialista en redes te encasqueta un bulo que difunde adecuadamente.

Para colmo, la desinformación, cuando no mera idiocia, de millones de usuarios, permite multiplicar cualquier mentira con la que se ganan gobiernos, se hace negocio, o se adoctrina sin pudor. Si en este ámbito hubiera mayor libertad y competencia, ya que no es posible otro tipo de control, ante los errores de esas plataformas, surgirían otras que gestionarían la información con más seriedad.

Eso no lo van a permitir los grandes dueños de la mercancía de las redes, que los son también de estas marcas, y ante eso sí que los gobiernos deben limitar la actividad de todos ellos para lo que, principalmente, deben de garantizar en sus territorios: el respeto a los derechos de sus ciudadanos.

Enrique Belda Pérez Pedrero

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