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San Jorge, rosas y mujeres que dejaron su huella en la historia

La festividad de San Jorge nos deja una rosa y un libro como tradición. Nosotros queremos rendir un pequeño homenaje a varias mujeres que fueron pioneras en su época y que dejaron su huella en la historia.

Artemisa I de Caria: Nació en Halicarnaso, ciudad de griegos dorios, situada en Caria, que en aquel momento era una satrapía del Imperio Aqueménida; en el Siglo V a.C.

Combatió a favor Jerjes I, Gran Rey de Persia, contra las polis griegas en la Segunda Guerra Médica. Fue la única mujer entre los comandantes de Jerjes I. Le recomendó que coordinara una ofensiva por tierra y mar a la par. Quiso que el ejército persa se encaminara hacia el istmo de Corinto para atacar a la coalición griega allí parapetada, en tanto que la flota se ubicara para atacar a los trirremes griegos.

Con esta estrategia, Artemisa, aguardaba a que los barcos griegos se alejaran de sus ciudades dejándolos a merced de la flota persa. Jerjes no estimó su plan y optó por atacar de forma conjunta a los griegos en la batalla de Salamina. Artemisa cooperó como aliada de los persas con cinco naves.
Al ver su nave hostigada por un trirreme ateniense. Hundió una nave de Jerjes para que la creyesen aliada griega y poder huir. En palabras de Herodoto, Jerjes llegó a decir: «¡Mis hombres (los persas) se han convertido en mujeres y mis mujeres (Artemisia) en hombres!» .

Artemisia persuadió a Jerjes para que se retirara a Asia Menor tras la derrota en Salamina, en contra del consejo de Mardonio, que quería mantener la posición. Jerjes la envió entonces a Éfeso para que cuidara de sus hijos del propio Jerjes.

Según la leyenda Artemisia se enamoró de un hombre llamado Dárdano que no le correspondió. Ante este hecho un oráculo le dijo que saltara a su muerte en el mar Jónico desde la roca de Léucade.
Un destructor iraní construido durante la dinastía Pahlavi fue llamado Artemis en su honor.

Nakano Takeko: nació en Edo en 1847 y murió en 1868 en la guerra de Boshin. Fue una mujer samurái del dominio de Aizu. Fue entrenada en artes marciales y educada en Literatura. Llegó a ser instructora de artes marciales junto con su padre adoptivo Akaoka Daisuke. Viajó a Aizu en 1868. En la Batalla de Aizu luchó con su naginata y condujo un cuerpo de mujeres que lucharon de manera independiente y llegaron a recibir el nombre de ejército femenino.
Su unidad abanderó la carga contra el ejército imperial japonés con tropas del dominio de Ogaki, llegando a recibir un tiro en el pecho. Para evitar ser capturada por sus enemigos optó por aplicarse el ritual de seppuku y fue su propia hermana quien la decapitó.

Zenobia: Septimia Bathzabbai Zainib, más conocida como Zenobia nacio el 23 de diciembre 245 y murió en 274. En su niñez su pasatiempo era la caza y por la educación recibida se diría que pertenecía a una familia noble. Además de su lengua materna el Arameo de Palmira, hablaba Latín, Griego y bastante bien el Arameo Egipto.
La sociedad de Palmira era una conglomerado de tribus semíticas. Zenobia no puede identificarse en ningún grupo.
Zenobia se casó en 258 con el rey de Palmira Septimio Odenato como su segunda esposa. Ella tenía un hijastro llamado Hairan, hijo del primer matrimonio de Odenato. De este matrimonio nació Vabalato.
En 267 el marido de Zenobia y su hijastro fueron asesinados. Vabalato contaba con un año de edad, por lo que su madre sucedió a su esposo y gobernó Palmira como regente del menor. A Zenobia y su hijo le fueron otorgados los títulos honoríficos de Augusta y Augusto.

Zenobia fortificó y embelleció la ciudad de Palmira con una avenida escoltada por grandes columnas corintias de más de quince metros de altura. Todos los notables de la ciudad, posaron ante los artistas para complacencia de los ediles. En Palmira podían encontrarse cerca de doscientas estatuas en sus columnas y en las paredes del ágora.

También mandó erigir en el año 271 d. C. un par de estatuas de ella y de su difunto esposo. La población de la ciudad superaba los ciento cincuenta mil habitantes, con hermosos templos, jardines y edificios públicos, entre los que sobresalía el Templo del Sol. Las murallas que rodeaban la ciudad tenían veinte un kilómetros de circunferencia.

Tras la muerte de Galieno en el año 268 d. C. y viendo que su sucesor, Claudio el Gótico, tenía que dedicar todos sus esfuerzos a contrarrestar una invasión goda, Zenobia sublevó al reino de Palmira e intentó crear su propio imperio, con la intención de dominar a los dos imperios que le flanqueaban, el Imperio sasánida y el Imperio romano.

Sus campañas militares le permitieron crear un imperio que comprendía toda el Asia Menor e incluso logró tomar Egipto con sus tropas en el año 269. Gobernó Egipto hasta el año 272, cuando fue derrotada y enviada como rehén a Roma por el emperador Aureliano en la batalla de Emesa. Se retiró a Palmira donde fue situada por Aureliano.

Palmira se había pertrechado fuertemente pero fue traicionada por los jefes árabes del desierto a los que había desdeñado y Aureliano venció la resistencia de la ciudad. El corto reinado de Zenobia sobre Egipto y el Imperio de Palmira habían terminado. Los palmiranos restantes que se negaron a rendirse fueron capturados y ejecutados por orden de Aureliano.

Lucía Ballesteros

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