¡ALERTAS!

Todo se puede perdonar, menos…

Todo en esta vida debería perdonarse, una vez que el delincuente, el faltón, el culpable, el ofensor, el agresor o en general el actuante, pide perdón y paga sus culpas conforme a la ley. Se puede perdonar a la mujer o al marido cuando llegas a casa y hay un reguero de ropa que termina en una ventana abierta, por donde se escurre el repartidor del butano. Se puede perdonar al compañero de la carpintería que por una bromilla te amputa en el aserradero dos o tres dedos en distintas manos. Por supuesto que se puede perdonar a quien, sin darse cuenta, te propina un puntapié en la cara después de haberte arrojado con saña al pavimento.

En esta línea, puedes terminar perdonando a quien te revienta la luna del coche y a la vez le prende fuego a la sucursal de carglass para que no lo arregles. Es siempre disculpable que los monísimos y monísimas camareros/as de tu bar, te coloquen un vasico de colonia Nenuco en lugar del Cardhu.

Y sí, como ustedes están pensando, te pueden disculpar todos los votantes, una vez que has dimitido, si has mangado en el Eroski unos potingues, y hasta que revientes una universidad pública bajo la excusa de que combates la corrupción. En esta línea, si lo pagas, puedes levantar miles de millones de pesetas para los amiguetes a través del control total de Andalucía, y decir que en dos décadas no reparabas en esas cosas menores, mientras que toda España lo denunciaba.

Es oportuno también el perdón, para el tipo que ya ha fracasado intentando transformar una democracia, cuando está en su punto más bajo, en una dictadura bananera, utilizando el contenido de las canciones de Ismael Serrano, el dinero de Rusia y la retórica de Pasionaria. Por supuesto que podemos terminar perdonando a esa derecha catalana tan cachonda, que prefiere dar un golpe de Estado antes de rendir cuentas a la hacienda pública de sus fechorías, y que nos hace costear el tour de su caudillo dando conferencias a lo más memo de la progresía y del neofascismo europeo.

Pues bien: lo que jamás deberíamos perdonar, ni olvidar, nunca, aunque lo vayan a pagar penalmente (y lo digo siempre dentro del espíritu conciliador y moderado de estas líneas) es a la panda de hijosdelagranputa que han utilizado a niños y niñas en colegios e institutos de Cataluña para imponer un discurso del odio, y dar por buena la violación de los derechos humanos de la mitad que no desea la independencia. Y en eso se incluye el resto de profesores que se solidarizan con los delincuentes. Esto sí que ha sido lo más rastrero de todos estos meses en España, comparable incluso, a cuando un consejero robó el dinero destinado al tercer mundo en Valencia.

Enrique Belda Pérez Pedrero

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