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La restaurada imagen de San Juan de Ávila regresa a su casa de Almodóvar

Este lunes  la imagen de San Juan de Ávila  regresaba a casa  tras haber permanecido  un mes en tierras malagueñas para ser objeto de una profunda labor de restauración.


La talla del patrón del clero secular español y de la localidad en la que vino al mundo al despuntar el siglo XVI, que data del año 1940, ha sido trabajada cariñosamente a manos de Enrique Salvo Rabasco. Él, junto a otros dos colaboradores, devolvía personalmente la efigie, que ya preside, destacada al pie del altar mayor, el templo parroquial con motivo de su próxima conmemoración festiva.

El artista que dirige el taller Aetos Restaura, aprovechaba su visita para desgranar los entresijos de su trabajo con la figura, adusta hasta la fecha. Una restauración que, apuntaba, ha sido llevada a cabo en varios niveles. El principal ha sido el estructural porque, a su vez, era el motivo de defectos y deterioros más a la vista, como “las grietas, zonas de la policromía saltada y otras donde estaba poco cohesionada, debido a que tenía una gran cantidad de hierros por dentro”.
La causa era la sujeción que hasta ahora existía entre la peana y la propia talla, lo cual generaba tensiones que provocaban el agrietamiento referido “y dañando la estructura misma de la imagen”. Todo ello se ha resuelto, apuntaba este Salvo Rabasco, consolidando el conjunto “y procurando que en la medida de lo posible estas tensiones desaparezcan, que se vayan contrarrestando entre sí mediante refuerzos en la peana y otros sistemas de sujeción diferentes a los que llevaba hasta entonces”.

Visualmente, sin perder su impronta, la imagen ofrece otra estampa, fruto de la limpieza integral a la que se ha sometido la imagen. “Todos esos defectos y problemas que presentaba se han estucado, llevando a cabo también una reintegración cromática de la misma, homogeneizando acabados y procurando tener una lectura unitaria y total de la imagen, sin que se produzca ningún tipo de interferencia como se producía antes a consecuencia del virado de los barnices, con marrones muy poco naturales y aportando matices”, señalaba este licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Málaga.
Este también titulado en Conservación y Restauración por la Universidad de Granada hacía hincapié en el hecho de haber incorporado en los ropajes algunas zonas doradas “que nos permitan, por un lado, diferenciar lo que son las vueltas del manteo y la sotana que lleva la imagen, evitando lo que antes veíamos que era un mazacote negro con las manos y, por otro, con la incorporación del dorado diferenciar mejor y a un solo golpe de vista lo que es la composición general de la obra”, apostillaba.

Asimismo, la limpieza ha permitido recuperar el brillo en los ojos que son de cristal, recuperando así “esa viveza de la mirada”. Un elemento clave en la pretensión de dotar a la imagen de “un concepto más comunicativo”, para lo cual, abundaba el artista restaurador, “la mano derecha está ahora en una actitud un poco más dialogante que antes, porque nos daba la sensación de una actitud de frenarnos al acercarnos a él”. Ahora, en cambio, “ofrece un talante de diálogo y de comunicación con el fiel que se acerca a rezarle”. Por cierto que el crucificado de su otra mano también ha sido restaurado.

Enrique Salvo Rabasco se mostraba tremendamente satisfecho por el recibimiento brindado al regreso de la talla y estaba especialmente feliz por cuanto, más allá de la parte técnica de su trabajo, en lo devocional haber tenido el privilegio de intervenir la imagen de san Juan de Ávila en su localidad natal le supone una gran dicha.

Isabel Fernández, hermana mayor de la Hermandad de los Santos Juan de Ávila y Juan Bautista de la Concepción, entidad que ha costeado la restauración, reconocía el especial privilegio que suponía la presencia en Almodóvar del Campo del artista para explicar todo el proceso realizado y mostraba el júbilo por el resultado logrado para con una obra que ya presentaba una policromía muy deteriorada.
Además, “le ha quitado al menos diez años en su aspecto, que es más acorde con la imagen de san Juan de Ávila que deberíamos tener aquí, porque se fue de Almodóvar cuando tenía 26 años, era un hombre joven”. También resaltaba el hecho de haberle dado “mucha luz” y “la mirada me parece que es muy dulce”, habiendo trabajado otros detalles como “las venas de las manos, porque es como transmitir vida”.

Y también se mostraba muy contento con el resultado final el párroco titular. Juan Carlos Torres incidía en que la talla ya acusaba “todo el peso y el poso del tiempo con lo que eso implica de polvo y de suciedad”. Además, puntualizaba, “en los años 70 se le dio una veladura oscura que ha ido oscureciendo mucho más y era ya por tanto el momento para intervenir la imagen, para recuperar un esplendor original que se ha conseguido”.
A su juicio, al resaltar ahora “algunas de las partes del manteo se ha hecho que la imagen tenga más luz, que tenga más dinamismo, tenga más vida y al final el conjunto ofrece una imagen con mucho más movimiento, con más cercanía a la gente y más expresividad y que comunique en línea con la pretensión original de lo que la imagen quiso ser”.

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