¡ALERTAS!

Elegir carrera

Mi comentario de esta semana, como no podía ser de otra manera, está sujeto a la actualidad y a las preocupaciones de amplios sectores de la población.

A muchos jóvenes y a sus atribuladas familias, les llega ahora en estos meses el turno de pensar cómo enfocar el futuro profesional. Pasadas ya décadas desde que los estudios universitarios no son igual a trabajo seguro, las sociedades occidentales comprometidas con el libre desarrollo de la personalidad y el fomento de la educación superior, deberían recapacitar el enfoque de este tema.

La solución es complicada para jóvenes, casi niños y niñas, que carecen en su mayor parte de perspectiva y hasta de inclinaciones, en una edad que no es tan madura (para algunas cuestiones sí) como lo era el siglo pasado.

Hoy ya no se trata de elegir lo que quieren, si no de escoger aquello que tenga una mínima posibilidad de salida profesional. Lo que sucede es que tal posibilidad, la del empleo, es tan reducida, que muchos terminan acertando cuando eligen lo que les gusta, sin más.

Así, puede que el que sea bueno en unos estudios, sean los que fueren y por difícil perspectiva que arrastren, al final encuentre trabajo.

La organización social y universitaria no debería confundirles en esta elección de futuro, ya de por sí complicada, y podría recordarles, por ejemplo, que hacer Derecho es positivo (las facultades están llenas ahora de parados y licenciados en busca de segundas titulaciones), pero que las salidas llevan años colapsadas. No se explica cómo en un radio de doscientos kilómetros de la puerta de nuestra casa, se puedan encontrar veintitrés sitios donde se puede obtener esta licenciatura o su grado. Y algo parecido ocurre con Empresariales, Magisterio, y hasta Medicina.

Esto no es una crítica, simplemente se trata de una realidad que hay que transmitir a los que están a la puerta de estudios superiores: optando por cualquier estudio universitario se está cubriendo una parte de la formación, pero ésta habrá de ser completada posteriormente con el posgrado o la especialización. Ello no era necesario en tiempos de sus padres, pues eran menos los que tenían opción de llegar a plantearse carrera, y los que lo hacían, se podían permitir el lujo de parar de estudiar cuando quisieran, que encontrarían un trabajo casi acorde con su formación. Si negamos a los que ahora eligen, esta perspectiva, la información recibida a medias hará generaciones de titulados frustrados, que ya ni siquiera podrán competir en los trabajos no deseados con los que abandonaron los estudios. Y estos últimos, sin años perdidos ni frustración acumulada, terminarán desarrollando sus funciones mejor, por estar más adaptados a las finalidades de cada puesto de trabajo.

Enrique Belda Pérez Pedrero

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