¡ALERTAS!

La posverdad y el Estado del Bienestar

La democracia y la libertad cuestan dinero. El perfeccionamiento del Estado Social y Democrático de Derecho que incorpora prestaciones de última generación es posible tras un desarrollo económico, previo y difícil, de los países que lo adoptamos.

Quienes hablan, todos lo hacemos, de derechos en el Magreb, China o la India, terminamos refiriéndonos a derechos civiles y políticos que más o menos se pueden lograr con el uso de los aparatos de coacción preexistentes en los gobiernos autoritarios. Pero para dar salud o educación hace falta una sociedad rica. Es lo que hay.

De cuando en cuando nos enfrentamos en España (que a pesar de sus crisis cíclicas y estancamientos ha crecido sin parar desde la década de los cincuenta del siglo pasado) al momento en el que no hay dinero para pagar de la misma manera los derechos prestacionales.

Por si ello fuera poco, el ordenamiento jurídico que nos hemos otorgado impide retrocesos conscientes en las políticas promotoras de los mismos. Y por último los ciudadanos nos hemos acostumbrado a recibir ciertas cosas y haremos lo posible por no perderlas.

¿Cuál es la receta? Además de mandar a su casa a quienes generan (solos, conscientes y advertidos) un descalabro más acentuado que en el resto del mundo, como hicimos con Zapatero en 2011, procedería reflexionar sobre cómo hemos contribuido todos a estrangular el sector público al llenarlo de personas y funciones absurdas (las funciones, no siempre las personas).

Creo que de lo que se trata es de mantener los derechos y las prestaciones recortando sólo en los gestores de esos derechos y esas prestaciones. Un ejemplo fue la supresión del Defensor del Pueblo en Castilla-La Mancha: los derechos siguen existiendo y su mecanismo de garantía, el Defensor del Pueblo de España, también. Se ahorra en la gestión respetando la garantía.

La educación, por el contrario, es un ejemplo más problemático, pero también más elocuente: a lo largo de décadas se ha revestido el derecho a la educación con aditamentos notoriamente secundarios cuya gestión demanda cantidades de dinero ingentes para pagar necesidades autogeneradas, que a su vez servían para contratar a más gente no docente. Y todo ello, según algunos que se rasgan las vestiduras según quien gobierne, para mejorar la calidad de la enseñanza.

Mientras, la investigación, lo que no se percibe directa e inmediatamente por el votante, se muere sin mucho remedio. Habrá que depurar todo aquello que hemos gastado para generar empleo público y mantener solo lo que sea positivo para la prestación de un servicio de calidad, pero recordando que “calidad” es al final conocer y saber, y no sólo cumplir los objetivos metodológicos marcados por quienes sus sueldos y complementos dependen de elaborar esos objetivos metodológicos.

En los meses que vienen estemos tranquilos en todos los frentes y con todas las prestaciones: nuestros nuevos gobernantes (la cigarra que siempre vuelve entre aplausos tras aplastar a las hormigas feas y ahorradoras, que serán las que queden mal) están abriendo el grifo para que de aquí a las próximas elecciones no falte de nada.

Ya habrá tiempo luego de descubrir que gasto público no es igual a inversión de futuro, cuando la brecha social se siga ampliando y la economía, los salarios y el empleo, se mantengan en el letargo aceptable que Europa garantiza.

Enrique Belda Pérez-Pedrero

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