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Los políticos somos nosotros. Primarias: buenas para la imagen, malas para todo lo demás

Las primarias de los partidos españoles y europeos, como ya he escrito en esta tribuna, no me gustan nada, y prefiero las norteamericanas, al menos como idea. Parece que solo se trate de un remedio (efectivo, eso sí), para hacer creer al electorado que un partido que las establece es más democrático. El PP, por ejemplo, ha logrado con las primarias salir de un oscuro segundo plano para comerle la merienda a Albert Rivera. O el PSOE, dio oportunidad a quebrar el brazo de la caudilla de Andalucía. Hasta aquí todo bien pero, ni para los partidos ni para los países, los efectos de este tipo de primarias son positivos. Creo que hay que deslindar meridianamente la necesidad de elegir a los dirigentes de los partidos como asociaciones que son, que debe corresponder a su militancia (poca o mucha), desde la regulación en sus estatutos internos, de la selección de los candidatos a cualquier tipo de elecciones, que debieran ser objeto de seguimiento voluntario por toda la ciudadanía interesada en votar próximamente a esa opción política. Las primarias más parecidas al estilo de los Estados Unidos, salvando distancias y disfunciones, deberían permitir a todo el cuerpo electoral opinar sobre este segundo aspecto, que sobrepasa con creces la visión y los cometidos de los asociados de cada partido, pues de lo que se trata es de la mediación en la relación representativa de todo un territorio. Solo la ley electoral de carácter general, y no una norma meramente interna, como los estatutos elaborados de puertas hacia dentro de los partidos (y mucho menos las incontroladas formas de participar que ha puesto de moda Podemos), debiera regular un procedimiento de interés general como es determinar los candidatos. Los afiliados/as de un partido sabremos de organizar nuestra casa, pero ante el cumplimiento de la función de mediación política, sería más razonable habilitar mecanismos de participación de toda la ciudadanía en la selección de candidatos, con lo que sería necesario permitir a todos los potenciales votantes de una opción, el pronunciarse en lo que sí serían unas verdaderas primarias. En caso contrario, es solo cuestión de suerte, salvo que tengas la militancia más capacitada y responsable del mundo, que coincida aquel hombre o mujer que es bueno dentro de casa, con el que ha de ser bueno también para los de fuera de casa. Si parece socialmente aceptado que el líder de un gobierno lo sea del partido, por aquello de evitar bicefalias (aunque esto también es discutible), la lógica también incita a pensar que el óptimo es conocer previamente aquello con lo que el electorado simpatiza, antes que dar por sentado que lo oportuno es pensar que tus ideas son las buenas y que el problema lo tiene el votante cuando no se deja convencer por tus convicciones.

Enrique Belda Pérez Pedrero

Enrique Belda oct12 (4)

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