¡ALERTAS!

12.000 curisosos pasearon por las estrechas calles de Almedina este fin de semana en su regreso a su pasado moro

El número de visitantes crece un 20% en la tercera edición de Almedina Mora, alcanzando la cifra de 12.000 personas, muchos  de ellos reincidentes,  que pasearon por las estrechas calles de la localidad y disfrutaron de los espectáculos

Durante este fin de semana las calles de Almedina notaron multiplicarse sobre sí el número de las pisadas. De los poco más de 500 habitantes habituales hasta las pisadas de 12.000 personas que hollaron sus baldosas a lo largo de sus tres días de duración. Es el efecto de Almedina Mora, un festival popular que con solo tres ediciones ha conseguido despertar el interés de los turistas y consolidarse en el corazón de los almedinenses y el Campo de Montiel.

“Este año hemos notado que ha habido muchos más visitantes y que la organización ha sido mejor”, reconoce José Antonio Talavera, alcalde de Almedina. “La gente del pueblo está muy contenta y sigue totalmente implicada en el desarrollo de la fiesta como se demostró el viernes con el incidente de la tormenta y hemos conseguido que el evento se esté consolidando a nivel provincial y regional en muy poco tiempo”, subraya.

Almudena López, concejal de Cultura, tiene una percepción similar. “El sábado fue el día grande, las calles estaban atestadas de gente, sobre todo por la noche. Una chica que vive en Madrid nos dijo que teníamos un festival para todos los públicos de verdad, y es así, no en muchos pueblos de zonas deprimidas como el nuestro los niños tienen ocasión de ver en la calle camellos o una orquesta filarmónica”, reconoce, “y ver las caras de la gente es la mejor respuesta”.

Además de los continuos espectáculos callejeros, la iluminación especial de la iglesia parroquial atrajo la atención de los turistas que deambulaban por las calles a la luz de las velas y bajo la mirada de las obras del pintor Yáñez de Almedina.

El fin de semana fue un sin vivir para los establecimientos hosteleros de la localidad, que reconocen que se veían sobrepasados por momentos. Eusebio es el propietario del Casino de la localidad, un local en el que habitualmente trabajan dos personas, tres los fines de semana: “Estábamos trabajando once personas y por las noches no dábamos abasto, es agobiante pero da gusto ver al pueblo lleno de gente de toda la comarca y de todas partes de España diciendo que les había gustado el pueblo”.

Tras la tormenta llegó la explosión. Almedina se hizo pequeña y la mecha de la fiesta sigue siendo larga, con brillo para mucho tiempo.

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