¡ALERTAS!

«Una Madre no se cansa de esperar»

En el día de la asunción de la Virgen María lo que celebramos es que ella ya está en el cielo, junto a Dios, esperándonos. Ella ha sido la primera persona humana en recorrer ese camino. A todos nos gustaría que, aquellos a los que queremos, no murieran nunca, ni sufrieran, ni tuvieran ningún revés en la vida. Pero, sabiendo que todo eso existe, nos gustaría que sufrimientos, muertes y reveses, pudieran ser superadas. ¿Cuántas veces rezamos por aquellos que están enfermos? ¿Cuántas veces pedimos, sin perder la esperanza aun sabiendo que no podrá ser, de que haya personas que ni sufran ni mueran? Ser cristiano es tener y vivir con esperanza. Miramos a Cristo: él muere en la cruz pero resucita. Miramos a la Virgen María: ella muere, pero está en el cielo. Todos nosotros moriremos y empezaremos a recorrer el camino hacia la eternidad.
Porque miramos al cielo, nos tomamos en serio esta vida y la sembramos de amor, de obras de amor por los demás. Si fuéramos a morir, y ahí se acabara todo, daría igual lo que hiciéramos y cómo viviéramos. Porque hay vida eterna, procuramos seguir el modelo de la Virgen María, mujer de fe, esperanza y caridad. Si a la Virgen María la sentimos muy cerca de nosotros es porque experimentamos constantemente su abrazo de madre; es porque en ella vemos todos los anhelos de nuestro corazón cumplidos.
¿Quién no se emociona con la canción «Hoy he vuelto»? En este día de la asunción de la Virgen María, vamos a rezar con ella y vamos a dejar que ella, nuestra madre, ponga el ardor del Espíritu Santo en nuestro corazón:

1. Cuántas veces siendo niño te recé,
con mis besos te decía que te amaba.
Poco a poco con el tiempo, olvidándome de Ti,
por caminos que se alejan me perdí.

Hoy he vuelto, Madre, a recordar
cuántas cosas dije ante tu altar
y al rezarte puedo comprender
que una Madre no se cansa de esperar.

2. Al regreso, me encendías una luz,
sonriendo desde lejos me esperabas.
En la mesa, la comida aún caliente y el mantel
y tu abrazo en mi alegría de volver.

3. Aunque el hijo se alejara del hogar,
una madre siempre espera su regreso.
Que el regalo más hermoso que a los hijos da el Señor
es su madre y el milagro de su amor.

Ella, nuestra madre, nos espera, hombres y mujeres de fe; hombres y mujeres comprometidos con los demás; hombres y mujeres que, mirando al cielo, viven con alegría cada instante de su día y de su vida.

Miguel Ángel Jiménez Salinas
Delegado Diocesano de Medios de Comunicación Social

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