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El cambio climático ha hecho subir la temperatura 1,4 grados en CLM en los últimos 36 años

Hoy se ha presentado el estudio sobre Efectos Constatados y Percepción del Cambio Climático en el Medio Rural, el segundo que se realiza en la región tras el de 2009 y que trata sobre la situación que este fenómeno está provocando en Castilla-La Mancha 

El Gobierno de Castilla-La Mancha ha hecho hoy público un informe que contiene un estudio sobre efectos constatados y percepción del Cambio Climático en el medio rural de nuestra Comunidad Autónoma, con el objeto de disponer de una base sólida y rigurosa, construida con la opinión de expertos en diferentes campos que compromete al Gobierno regional en la lucha contra el cambio climático y que se hará visible con la aprobación en octubre, por el Consejo de Gobierno, de la Estrategia de frente al Cambio Climático de Castilla-La Mancha con el horizonte en 2030.

Así lo ha indicado hoy en Toledo el consejero de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural, Francisco Martínez Arroyo que, junto con el viceconsejero de Medio Ambiente, Agapito Portillo, ha presentado los resultados de este estudio, el segundo que se realiza en la región tras el de 2009 y que trata sobre la situación que este fenómeno está provocando en la región, coordinado por Jonathan Gómez Cantero, presente en este acto.

El estudio presentado hoy ha estado coordinado en todo momento desde la Viceconsejería de Medio Ambiente y la Oficina del Cambio Climático y ha contado con más de 70 participaciones a nivel regional, nacional e internacional en los diversos aspectos que se analizan.

Así, se han analizado el clima, los extremos meteorológicos, los recursos hídricos, el mundo natural, los humedales, el suelo, los incendios forestales, la agricultura, la ganadería, el turismo, las infraestructuras, la despoblación, la salud, la percepción, la información y los escenarios de futuro, en un compendio de trabajos que se aglutinan en este volumen donde se muestra la realidad climática actual.

De este análisis se vislumbran cifras tales como, ha puntualizado Francisco Martínez Arroyo, como que en los últimos 36 años en la Comunidad Autónoma “se ha incrementado la temperatura media 1,4 grados centígrados”.

“Es una realidad constatable”, ha dicho, “que se deduce en este estudio con datos alarmantes como en la provincia de Cuenca, que alcanza una subida de temperatura de 1,89 grados centígrados en los últimos 36 años”. Además, el cambio climático es evidente en la región, con un verano que se ha ido alargando siete días por década.

En cuanto al medio natural, ha destacado la información sobre los humedales, cuya desaparición en los dos primeros tercios del siglo XX provocaron un incremento de un seis por ciento en los gases de efecto invernadero. Su recuperación actual, ha matizado el responsable de Agricultura, el Medio Ambiente y Desarrollo Rural en la región, ha propiciado “mitigar el efecto invernadero”.

En el apartado de socioeconomía, el estudio ha analizado los efectos sobre la agricultura y la ganadería, en especial, sobre los viñedos. Ha recordado, que desde el Gobierno regional se trabaja ya con las denominaciones de origen y las bodegas para adaptarlos a las climatología, con nuevas variedades.

En materia de agua, ha resaltado, que el estudio no ha olvidado las siete demarcaciones hidrográficas que afectan a Castilla-La Mancha, de las que cuatro dependen exclusivamente de las precipitaciones que se generan en la región para renovar sus recursos hídricos y satisfacer todas las demandas de agua que se generan, tanto las humanas como las naturales.

Pero en este amplio informe no sólo se analizan los recursos hídricos, sino que se estudia la variación climática experimentada en los últimos 36 años en Castilla-La Mancha, las perturbaciones meteorológicas extremas observadas en la región, los efectos inducidos por las alteraciones climáticas en los bosques, cultivos, sanidad ganadera, infraestructuras, salud humana y su relación con la despoblación del mundo rural. Se incluye también un interesante estudio sobre la percepción del cambio climático por la ciudadanía de Castilla-La Mancha y un análisis del tratamiento de la información en los medios de comunicación.

La evolución del clima en Castilla-La Mancha: un incremento de 1,4 grados de temperatura

Teniendo en cuenta los datos continuos de precipitación y meteorología suministrados por la Agencia Estatal de Meteorología desde 1981 hasta 2016, de las seis estaciones de Primer Orden ubicadas en Castilla-La Mancha y que se corresponden con los observatorios de las cinco capitales provinciales y Molina de Aragón, se han analizado series históricas de 36 años.

Esta información se ha completado con los datos suministrados por las 36 estaciones del Servicio de Información y Asesoramiento al Regante del Centro Regional de Estudios del Agua perteneciente a la Universidad de Castilla-La Mancha, desde el año 2.000.

Los resultados obtenidos constatan el incremento de la temperatura media regional de hasta 1,4ºC, entre 1981 y 2016. Los mayores incrementos se alcanzan en la provincia de Cuenca con 1,89ºC, seguida de Albacete con 1,55ºC, Ciudad Real con 1,3ºC, y Guadalajara y Toledo, con 1,26ºC en ambas provincias.

El número de días cálidos, según el informe, registra un marcado incremento mientras que el número de días que registran heladas está descendiendo. Los días cálidos ya no sólo se registran en verano, sino que se extienden a los meses de finales de primavera y comienzos del otoño.

Una región más seca

Respecto a las precipitaciones, se aprecian variaciones entre décadas que muestran una tendencia a la disminución, dentro del régimen de gran irregularidad que posee Castilla-La Mancha. Es especialmente significativo que las mayores reducciones en la pluviometría se han alcanzado en los últimos años, coincidiendo con los períodos más cálidos.

Verano e invierno son las estaciones del año donde más se han reducido las precipitaciones, siendo Primavera y Otoño estaciones donde la precipitación se suele mantener.

Se puede decir que la irregularidad se ha incrementado, los período secos son cada vez más secos y se aprecia una tendencia a la disminución de precipitaciones anuales cada vez más clara. Es especialmente significativo el proceso de alargamiento del verano a razón de siete días por década.

Como eventos climáticos extremos se destacan la profundidad que alcanzan los períodos de sequía, la peligrosidad de algunos fenómenos de lluvia torrencial y, sobre todo, el incremento de las temperaturas máximas y los fenómenos de olas de calor, tanto en frecuencia como duración.

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