¡ALERTAS!

Un zasca para Marlaska

¿Qué tal las vacaciones? ¿Bien o en familia? A mí, como a ustedes, me alegra mucho la incorporación de gente nueva a la actividad política, especialmente cuando dejan sus trabajos en los que son reconocidos para prestar un servicio público.

Presupongo que van a insuflar aires nuevos y que, particularmente en los modos, van a trasladar la normalidad de relacionarse que se percibe en la calle.

Hay ocasiones en que lo peor de cada casa decide pasar a la política, bajo la apariencia de renuncia a una posición profesional de la que carecían, creyendo que tal actividad es asequible para sus entendederas. Al tratar con los que miraban con desprecio y por encima del hombro, impartiendo dicterios desde sus cómodas casas, se les bajan los humos.

En otros casos, como los del juez Grande Marlaska, nos encontramos ante un reputado profesional aplaudido por todos, e incluso impulsado a algún puesto por el Partido Popular, que asume una complicada cartera en el grandilocuente gobierno de minoría de Pedro Sánchez. Más que en ninguna otra tarea, en política funciona la máxima de “si quieres conocer a fulanito, dale un carguito”.

Este juez en sus primeras semanas ha sido capaz de absorber todo lo malo de la vieja política, en sus modos y en sus hechos, dejándonos con la boca abierta cada vez que él, acostumbrado a manifestarse por sentencias, largaba por la suya. En todo ha resultado ser un viejuno: cambia la política de acogimiento tres veces en dos meses, procede a devoluciones en caliente que el PSOE consideraba contraria a los derechos humanos, utiliza un olvidado convenio para devolver refugiados a Marruecos sin garantías, pierde el control de la calle en Cataluña, etc. Una joya la adquisición.

Como antiguo admirador suyo, lo que más me ha molestado es que ni siquiera ha sido capaz de guardar las formas, como demuestran dos detalles. El primero, aludir en sus entrevistas a la llegada de inmigrantes como problema, cuando hace años que sabemos que, simplemente, es una realidad continua que jamás cesará, dado el reparto demográfico y el no reparto de la riqueza. El señor ministro genera xenofobia. El segundo, derivado del desconocimiento de lo anterior, ponerse a hablar como el noventa por ciento de los políticos tradicionales para concluir que la culpa de lo que le pasa es del partido que gobernaba antes que él. Esa coletilla es el signo más revelador de que se viene a mantener el cargo y no a resolver los problemas que, por otra parte, ya estaban antes de la llegada del anterior “del anterior”, y prevé la escasa utilidad de renovar gobiernos cuando simplemente se apela ante la inoperancia, a la mala herencia recibida.

El problema de fondo es que cuando se hace un traspaso de poderes abrupto e imprevisto porque el electorado no lo ha generado, y un gobierno provisional toma decisiones como si de Felipe II se tratara, termina perdiendo el norte de que lo que se pide es la mera gestión.

Enrique Belda Pérez Pedrero

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: