¡ALERTAS!

De putas

Lo que ha sucedido en España estos días a cuenta del no reconocimiento del sindicato de trabajadores/as sexuales, es una de las mejores muestras de que vivimos en un país donde los derechos humanos y la verdad importan menos, para la mayoría, que el quedar bien y escabullirse de los problemas.

Ha sido una elocuente muestra de una sociedad enferma donde nunca importa lo que importa, sino lo que algunos quieren que importe. La hipocresía, cruda, histórica y de manual, de algunos que se llaman progresistas, ha quedado de manifiesto convirtiendo en noticia (¡atención!, ¡como error!), la denegación de inscribir como asociación profesional o sindicato, a las personas que se ven obligadas a prestar servicios sexuales.

Mi opinión respecto de la legalización de la prostitución es muy clara: la sociedad no puede avalar la violación de los derechos humanos de la inmensa mayoría de mujeres y hombres que se dedican a esto. Rechazo de plano el mercantilismo y la visión hacendística de muchos liberales como yo que, bajo el pretexto de utilizar el carácter perseverante de estos servicios, pretenden la protección a través de la recaudación.

Desde la Iglesia a las feministas, el resto de la sociedad no pensamos así. Ahora bien, mientras la clase política de nuestro país baraja argumentos de unos y de otros, lo que debería de suceder es una inmediata protección de las personas que tienen que dedicarse a estos menesteres, como víctimas que son y como parte más débil de la relación comercial establecida.

Piensen si legalizan o no el fenómeno, pero mientras inunden de asistentes sociales y de personal sanitario los antros y polígonos donde toleran el ejercicio, y donde las redes criminales hacen su agosto explotando a prostitutas y chaperos. En vez de esto, en este país “distraído” donde sí se permite una patronal de dueños de clubes de alterne, se convierte en noticia la rectificación de la ministra y el cese de la directora general de trabajo, además, aportando falsos argumentos sobre la ilegalidad de estos servicios. También eso es de traca, porque de momento, lo único bueno que he visto en este Gobierno, el único gesto de formal humanidad y naturalidad, ha sido precisamente cuando la Ministra Valerio ha reconocido que se equivocó. No se si se equivocó, pero la normalidad cívica que constituye el hacerlo y reconocerlo, mucho más si eres político, es el camino del que todos deberían aprender.

En definitiva, todo un embrollo de tema que sigue siendo tratado de forma insustancial, incluyéndome a mí, que he tenido que poner ese rotundo título a la presente colaboración para que ustedes se engancharan a leerme. Legalicen o no, pero, entre tanto, menos pensar en lo que puede ganar Hacienda con esto, y más atender al día a día de las personas que ejercen la prostitución: a su salud, a sus hijos, y a su salida profesional.

Enrique Belda Pérez Pedrero

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: