¡ALERTAS!

Más distorsiones del invento de las “primarias”

A cada experiencia que voy conociendo directamente de lo que en España se entiende como “primarias”, menos me gustan.

En el Partido Popular, el PSOE, Ciudadanos, etc. se vienen celebrando a nivel nacional y territorial elecciones internas para renovar a sus dirigentes, lo cual me parece perfecto, pues la democracia de los partidos permite cualquier sistema de organización siempre que sea ajustado a derecho. De una forma o de otra, los militantes tienen la capacidad de marcar la línea de sus estructuras y seleccionar a los líderes, constituyendo esto la concreción de la libertad de asociación.

El invento comienza a fallar, como ya vengo denunciando desde años atrás en esta serie de colaboraciones, en el momento que de manera estatutariamente expresa, o implícitamente en la práctica, los cabezas de los partidos terminan teniendo la última palabra de la elaboración de las candidaturas para elecciones en todos los niveles territoriales.

Los mandamases del mundo saben que de nada sirven los liderazgos de partido si luego no se corresponden con un poder en los parlamentos y las instituciones, pero de ahí a la consagración de que la persona ganadora en un partido, ya tenga automáticamente la capacidad de nombrar a los candidatos y decidir qué quiere ofrecer a los electores como mensaje, hay un abismo.

Cuando se trata de hacer candidaturas y mensajes, el partido (que puede elegir a quien quiera como líder) está mediando en la participación política de todo el cuerpo electoral, por lo cual resultaría más adecuado que la selección de candidatos (las verdaderas primarias que no han de confundirse con las meras elecciones internas del partido como asociación), estuvieran abiertas a todos los votantes, y fuesen regulados por la ley electoral.

En caso contrario la distorsión es un hecho, pues los dirigentes ganan congresos hablando para su militancia (persona asociada pero activa), y ésta, en todos los casos, tiene intereses (políticos, personales) solo parcialmente coincidentes con el resto del cuerpo electoral.

Así, el traslado de las esencias de lo que piensa un militante de base, pone en riesgo la concitación de mayorías en un país, e incluso llega a excluir deliberadamente toda opción que pase por empaparse de aquello bueno que tengan las ideas del adversario.

En resumen, la visión es corta y necesariamente parcial, dejando a los partidos, a todos, más lejos de la sociedad diversa y cambiante a la que se enfrentan. ¿Lo saben esto los políticos que quieren reformas del sistema? Desde luego. Sirva de ejemplo el de un recientísimo ganador de “primarias” internas en Castilla-La Mancha que en cuestión de horas ha comenzado a modular de cara a la generalidad, el discurso que hasta el momento de ser elegido debía ser un mero mensaje interno. El liderazgo pues, está ahí: saber capitanear a bases ensimismadas hacia políticas buenas para las mayorías.

Francisco Núñez al que me refiero, es politólogo y, a pesar de sus pocos años, veterano en estas lides. La cuestión de cara a elecciones próximas, es que se apliquen el mismo cuento quienes quieran aspirar a gobernar a todos, y no solo a los suyos, que es lo que exige nuestra forma de organización y hasta una ética antisectaria.

En algunos pueblos y ciudades, aún, esta falta de conocimiento de la obligación de servicio público del militante que participa en primarias, sigue dando miedo. Barcelona o Madrid son ejemplos de ello en años pasados.

Enrique Belda Pérez Pedrero

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