¡ALERTAS!

¿Por qué crece la extrema derecha?

La extrema derecha es un estado de ánimo más que una ideología. Creo que la naturaleza de la mayoría de personas que la encuadran o que ocasionalmente la simpatizan, es de conformidad y hasta neutralidad con el régimen político y el funcionamiento de cada uno de sus países. Sólo cuando estos van objetivamente mal o cuando alguien entiende desde cualquier posición política que algo está fallando, ciertos votantes salen de su letargo y exteriorizan una serie de opiniones más o menos fundamentadas, pero de carácter circunstancial.

En el caso de la exigua extrema derecha española, el componente principal en su historia y hoy también, ha sido la reacción. ¿Frente a qué? Frente a la extrema izquierda antisistema o cualquier política de carácter revolucionario. Siempre que ha salido del letargo ha sido porque las insensateces de sus antagonistas (por ejemplo, el nacionalismo catalán o algunos, no todos, elementos de Podemos) han despertado a la bestia. Sin ellos, en España, no habría extrema derecha, como muestran las últimas cuatro décadas.

Fraga y Suárez, aún llenos de defectos, fueron líderes que supieron capitanear un considerable número de españoles susceptibles de añorar usos del franquismo, hacia una moderación conservadora. Si no hubieran sido líderes, se habrían dejado llevar por toda esa base social. ¿Saben el principal problema que tuvieron? El del terrorismo de extrema izquierda y separatista, que reactivaba al reaccionario que cada elector llevaba dentro.

Para que la historia hoy no se repita gracias al nacionalismo catalán, es preciso dirigirse directamente a esta gente en busca del razonamiento, pero también ser intransigentes en el respeto a la Constitución y a la Democracia, exigiéndolo a quienes principalmente la atacan. De lo contario, silenciar o tachar de fascista a quien solo es un circunstancial protestante, refuerza los motivos de descreimiento en el sistema que tolera los ataques, siempre que vengan del otro extremo.

Dicho esto, en Democracia caben todos los partidos, y también hay espacios muy conservadores que no por ello se pueden calificar de extrema derecha sin algo más de análisis. Eso sí, desde el respeto a todos, los partidos conservadores, liberales, de centro o los socialdemócratas, deben seguir marcando en España y Europa la línea que con claridad no puede pasar este electorado so pena de quebrar la moderación.

No pasa nada si se pierden electores por los extremos (lo digo por el PP y el PSOE), si con ello te abres a votantes independientes, oscilantes y centristas. Las gallinas que entran por las que salen, que diría Mota. Convencer y respetar, pero llegado un momento, marcar diferencias, es lo que los partidos tradicionales de nuestra Europa zarandeada por extremos y nacionalismos, necesita para no perder sus esencias.

Enrique Belda Pérez Pedrero

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