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Callejeando por Toledo. La Mezquita del Cristo de la Luz

La ermita o iglesia del Cristo de la Luz, fue en sus orígenes la mezquita de Bab al-Mardum, enclavado en el barrio de San Nicolás.

De las diez mezquitas de la ciudad, es la que mejor se conserva. Al inicio era un pequeño oratorio anexo a la puerta de acceso a la ciudad para la utilización de los recién llegados a Toledo o para la preparación de los que salían de la ciudad. Erigida en el año 999, la época de mayor esplendor del Califato de Córdoba, tal y como reza la franja epigráfica de su fachada de acceso.

De planta cuadrada se origina, a partir de cuatro soportes centrales y nueve piezas abovedadas. El mihrab estaría a la derecha de la entrada, en el muro de qibla enfocado al este. Se cree que el antiguo mihrab sería móvil o una concavidad, puesto que no quedan vestigios arquitectónicos.
El alzado presenta tres cuerpos, salvo el central que es de cuatro. Las columnas gestionan la separación de las naves ajustando el primer tramo con los arcos de herradura del segundo a través de cuatro capiteles visigodos reaprovechados. El tercer cuerpo lo componen nueve bóvedas de crucería califal. La bóveda central presenta un elemento que realza el cuadrante central dando así una sensación centralizada de la planta; esta estructura tiene su origen en la arquitectura bizantina.

Se amplía en el siglo XII con un intervalo recto cubierto con bóveda rebajada de ladrillo y otro tramo absidial cubierto por una bóveda de medio cañón. Predominan los frescos del siglo XIII conservados: pantocrátor, tetramorfos y los epígrafes cúficos.

La fachada suroeste ofrece una inscripción que dice: “En el nombre de Alá, hizo levantar esta mezquita Ahmad ibn Hadidi, de su peculio, solicitando la recompensa ultraterrena de Alá por ella. Y se terminó con el auxilio de Alá, bajo la dirección de Musà ibn Alí, arquitecto, y de Sa´ada, concluyéndose en Muharram del año trescientos noventa (diciembre de 999)”. Se trata de la única rotulación islámica en occidente.

La fachada noroeste de tres vanos horadados, dan paso al patio de la mezquita con arcos de herradura rebajados por arcos de medio punto. El patio ofrece un pozo peculiar donde se observan las marcas de las sogas que recogían los cubos en los bordes del mismo. Planta de crucero con alberca de ascendencia persa.

La reja exterior es obra del toledano Julio Pascual. La ermita del Cristo de la Luz es una de las obras de arte más singulares de la península ibérica. Tiene reminiscencias romanas, visigodas e islámicas.

Ubicada a la entrada de la ciudad toledana, traspasando la conocida Puerta Antigua de la Bisagra en uno de los barrios más antiguos de la ciudad. Fue construida en piedra con arcos de herradura y columnas y capiteles de estilo visigodo.
Considerada como mezquita de barrio, despuntan las pequeñas cúpulas que cubren su espacio. El armazón exterior de la mezquita está realizado en ladrillo rojo y mampostería en hiladas o verdugadas de este material.

La fachada principal tiene tres puertas de acceso con diferentes arcos: el primero polilobulado, el central de medio punto y el último de herradura.
El edificio está perfilado por un friso compuesto por dientes de sierra y una techumbre sostenida por modillones, realizada en tejas, cubriendo toda la construcción.

La facha Oeste ofrece una decoración muy llamativa, al contrario del Este. Presenta tres vanos de acceso rematados por arcos de herradura, enmarcados en la parte superior. Los pilares se sostienen con arcos ciegos de medio punto rebajados sobre un alfiz triple. El ábside no fue construido hasta el siglo XII tras la reconquista cristiana.
La planta del oratorio es de cruz griega divida en tres naves, con nueve espacios casi cuadrados.

Estos compartimentos conservan nueve cúpulas de estilo califal, diferentes entre sí, apoyadas en pilares con capiteles visigodos y rematados por arcos de herradura, que a la vez sostienen las falsas bóvedas realizadas en mampostería.

La adaptación a iglesia supuso transformar el muro de la qibla y el muro noreste, que fue derruido para levantar un ábside circular y un transepto. Se añadió un pórtico en la fachada principal y una torre cuadrada contigua al ábside, que quedó incompleta. En la zona Norte se instaló un cementerio. En el interior el ábside exhibe dos hileras de arcos de herradura cegados, coronados con un fresco del siglo XIII que representa al Pantocrátor rodeado por una mandorla.

Lucía Ballesteros

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