¡ALERTAS!

30 años del Partido Popular

Mal ha de comenzar esta reflexión si tengo que decir que yo estuve allí. Lo demuestra la foto de la carpeta y de la adscripción a una ponencia de un tal Aznar, que aún era presidente de Castilla-León. No echen cuentas que apenas era un adolescente (yo, no él).

El caso es que las cosas estaban bastante peor que ahora para el partido que había que “refundar”, Alianza Popular, y hubo que entregar el sacrosanto nombre del referente conservador de España, en terminología de quien encabezaba la operación, Manuel Fraga, para ofrecer un panorama de giro hacia el centro.

Prácticamente nada se puede ni debe leer en clave de 1989 pues todo era distinto. Así, el partido de origen, Alianza Popular de la que veníamos la mayoría, era derecha, derecha, por lo que no había Voxes ni mandangas, pero la gestión de Hernández Mancha había generado una importante división interna por las formas y las resistencias a los cambios. Los democristianos, la mayoría de cintura para arriba, habían roto la Coalición Popular tras la derrota electoral de 1986. Y estaba también en ello el histórico Partido Liberal, pagado por el empresario de excelente imagen llamado Segurado, formado por cuadros que encontraron la salvación meses después con Aznar, tras coquetear con la candidatura (para lo que fuese) del personaje de moda: Mario Conde. Y relucía, y eso era lo peor para el nuevo PP, un CDS de Adolfo Suarez que crecía aún desde su resurrección en junio de 1986, y frenaba por completo la expansión al centro de los populares. A ello se le sumaba un PSOE todavía fuerte en votos, nueve chiringuitos regionalistas de fachada conservadora y alma de caja registradora, e incluso operaciones independientes de carácter local que hablaban siempre con el mejor postor.

¿Dónde estuvo el éxito, además de en la desdicha de los demás?: fundamentalmente en dejar de matarse y de discutir.

Oímos muchas verdades en la Convención Nacional del PP de aniversario de este fin de semana, sobre lo hecho y lo que se hará, que comparto, pero el común denominador formal de todos los éxitos del PP en treinta años, incluso en la repetición de elecciones de 2016 con la que estaba cayendo y donde subimos de votos, es el mantener dentro de casa las críticas y remar junto al líder de turno. No digo que sea bueno callar, digo que es imprescindible hacerlo fuera de casa, siempre que dentro se pueda protestar.

Encima, contra todo pronóstico tras las primarias de este verano, tenemos un líder nuevo que acierta más veces de las que se equivoca, y que se ha ganado el cargo de presidente sin el habitual dedazo. Unión pues.

Al votante le molesta que los ya inasumibles y odiados políticos, se peleen por los puestos que en teoría (y creo que en la realidad) son cargas de servicio público. El centro lo tenemos ya ganado: saquemos partido a la desdicha de no estar solos en el espacio político limítrofe para ganar apoyos ahí (algo imposible en 1989), y dejemos que los nuevos partidos se expliquen qué tienen de diferente. Y que el lider lleve a la gente a la ponderación y al centro como hasta ahora, y no que parte de la gente quiera conducir al líder al cortoplacismo o al impulso. Eso ya tiene sitio donde ir.

Enrique Belda Pérez Pedrero

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