¡ALERTAS!

Votamos a personas, no a partidos

Ya se ha dignado el señor presidente en convocar las elecciones, lógicas cuando se gobierna desde el principio, sin apoyo continuo del parlamento.

Ahora en los partidos nos entregamos a la búsqueda del voto para cada formación, y canalizamos la propuesta bien en torno a las siglas, bien en torno a la figura del líder.

Es natural porque está demostrado que la gran mayoría de los votantes en un sistema de listas cerradas, no conoce a sus representantes en el Congreso y Senado.

Este déficit democrático, el enésimo de los subrayados en esta serie de artículos emprendidos cinco años atrás, es otro factor de distorsión que perjudica los intereses de la ciudadanía pues no es lo mismo que te defienda una persona u otra.

Es lógico que en tiempo de crisis sistémicas se produzcan cambios en candidaturas electorales para transmitir renovación (eso va a ser inevitable), pero la búsqueda de perfiles de servicio público contrastado y coherente debería ser una prioridad, en busca de la identificación de tú a tú con el electorado, que luego difícilmente le va a pedir cuentas inmediatas al líder nacional o a unas siglas.

Dicho esto, creo que la gente debería de saber la importancia de tener un cierto peso ganado en las estructuras de Madrid para conseguir una mejor interlocución: es muy complicado hacer carreras parlamentarias y políticas sostenidas para alcanzar esa capacidad de penetración en la toma de decisiones, y no estaría de más recordar que tan importante es que se cambien caras como no defenestrar de un plumazo itinerarios consolidados y con posibilidades de proyección en razón de la edad.

En mi circunscripción, Ciudad Real, de cara a la conformación de listas para las elecciones de abril, el ejemplo está muy claro, pues varios/as de nuestros representantes ejercen funciones de primer orden en las cámaras y eso no puede ser un demérito para concurrir de nuevo ante los electores y que juzguen.

En provincias pequeñas como las de Castilla-La Mancha, estas reñidísimas elecciones, sí van a depender en la adjudicación de los últimos escaños del reparto, de la personalidad y perfil de los candidatos, por lo que es esencial que la imprescindible irrupción de caras nuevas en las listas, se concilie con la estabilidad de quienes tienen ya peso político en sus respectivos partidos. Y las renovaciones, eso sí, si quieren ganar la comparativa con los nuevos fenómenos y movimientos en liza, deberían también demostrar en cada uno de sus candidatos/as un potencial de conocimiento y servicio público que decante la decisión en favor de los partidos que hoy tienen representación.

Enrique Belda Pérez Pedrero

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