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Pueblos castellano-manchegos con encanto : Sigüenza (I)

Sigüenza está situada en el alto valle del río Henares. Su situación estratégica la convirtió en enclave defensivo vital durante la Edad Media.

Plinio el Viejo ya la mencionaba en su Naturalis Historia como ciudad celtibérica de relevancia. Fue conquistada por los romanos tras la caída de Numancia en el año 133 a.C.

Los generales cartagineses Aníbal y Asdrúbal la asediaron. En época romana se denotó cierta importancia por estar sobre la calzada del Henares que formaba parte de vía que comunicaba Mérida con Zaragoza.

Con los visigodos aumentó su crecimiento y se convirtió en Sede Episcopal de la Iglesia Católica. Fue una diócesis sufragánea de la Archidiócesis de Toledo que estaba configurada por la antigua provincia romana de Cartaginense en la diócesis de Hispania.

En el período musulmán Sigüenza pierde importancia en favor de Medinaceli. Durante el reinado de Fernando I fue reclamo para los cristianos cuyo control fue pasajero. Sigüenza por reconquistada  entre el año 1123 y 1124 por Bernardo de Agén, quien inició las obras de la que posteriormente sería la catedral.

Sigüenza recibió fuero de Alfonso VII y procedió a unir administrativamente los burgos de Sigüenza y de Medinaceli.

Con el Cardenal Mendoza, a mediados del siglo XV, alcanzó su máximo esplendor. A él se debe la construcción de la plaza porticada.

En 1489, mediante la bula concedida por el Cardenal Mendoza, Juan López de Medina, funda la Universidad de Sigüenza que se mantuvo activa hasta su clausura definitiva en 1837.

 La evolución demográfica durante los siglos XVI, XVII y XVIII se puede dividir en tres fases: una de crecimiento durante el siglo XVI, seguido de un decaimiento durante el siglo XVII y otra recuperación demográfica en el siglo XVIII, especialmente en la parte final de este.

En Sigüenza podemos admirar numeras construcciones tanto civiles como eclesiásticas, entre ellas:

La Casa del Doncel o palacio de los Marqueses de Bédmar. Su estilo es gótico civil. Consta de tres pisos, una estructura cimentada en tres crujías y realizado en piedra sillar de caliza y arenisca. La fachada almenada está dirigida hacia el sur y se encuentra dividida  en tres partes: en la inferior se sitúa la puerta en arco de medio punto y los escudos de los Vázquez de Arce y de Sosa; en la central dos ventanas una en el centro y otra a la derecha, la central coronada, también, con los escudos de los Vázquez de Arce y de Sosa; y la superior rematada por almenas. El interior ha sido alterado a lo largo del tiempo por lo que resulta difícil averiguar cuál es la estructura original y cuál la añadida posteriormente.

El edificio se comenzó a construir en el Siglo XIII; y volvió a levantarse de nuevo entre la segunda mitad del Siglo XV y principios del XVI. A lo largo de su trayectoria ha sido la residencia de familias tan ilustres como los Vázquez de Arce y Sosa y los Marqueses de Bédmar.

El castillo de los Obispos de Sigüenza es un palacio-fortaleza construido en el primer cuarto de siglo XII, sobre los restos de fortaleza musulmana del siglo VIII. Fue residencia de los obispos hasta mediados del siglo XIX.

Fue conquistado definitivamente para Castilla a los almorávides en 1124, por las tropas del obispo Bernardo de Agén, perteneciente a la Orden de Cluny. En 1298 la asaltaron los partidarios del Infante Alfonso de la Cerda. Los asaltantes fueron desalojados por el Obispo García Martínez.

En los albores del Siglo XIV el Obispo  Simón Girón de Cisneros erigió la nueva puerta defendida por dos torres gemelas. En 1355 Pedro I de Castilla conquistó el castillo y encarceló en una de sus torres a su esposa, Doña Blanca de Borbón.

En el Siglo XV fue el refugio de las razias llevadas a caobo por los navarros durante la guerra de los Infantes de Aragón. En 1465, Diego López de Madrid fue elegido obispo sin la aprobación del Papa y se hizo fuerte en el castillo, resistiendo durante tres años.

Le sucedió el gran Cardenal Mendoza que mando erigir la gran barbacana que defiende las puertas y transformó la fortaleza en un palacio.

En siglos ulteriores el castillo sufrió varias modificaciones, entre ellas, el Salón del Trono. A finales del Siglo XVIII el obispo juan Díaz de la Guerra crea una serie de oficinas y viviendas para funcionarios. Ha sido residencia de casi todos los reyes de Castilla. En 1710, durante la Guerra de Sucesión fue Cuartel General del Archiduque de Austria.

En 1808, durante la Guerra de la Independencia, sirvió como cuartel a las tropas francesas y en 1827 acoge al rey Fernando VII y a su séquito al regreso del balnerario de Solán  de Cabras.

De la primitiva construcción sólo se conservan la Capilla Románica, la Portada, las Torres, la barbacana, las dos portadas renacentistas del Patio de Armas y el Salón del Trono.

De nuevo cuño son las cuatro fachadas interiores comedores, cafetería, bar, pasadizo elevado y todo el cuerpo de habitaciones y el patio de ladrillo. Las obras para convertirlo en Parador Nacional finalizaron en 1976, siendo inaugurador por los Reyes D. Juan Carlos y Doña Sofía en 1978.

La Plaza Mayor es de estilo renacentista y su construcción se debe al Cardenal Mendoza; que en el siglo XV decide demoler un lienzo de la muralla para crear un espacio diáfano para poder celebrar espectáculos y mercados.

En uno de sus lados se alza una galería porticada con edificaciones para el Cabildo; y al otro una serie de casas nobles como: la casa del Mirador y la casa de la Contaduría.

Al norte limita con la Catedral y al sur con la casa de los Deanes.

Lucía Ballesteros

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