¡ALERTAS!

Gobiernos paralelos o pulso entre ególatras

Hace mucho en la antigua china, los pavos reales gobernaban la ciudad de Gongmen, trajeron enorme dicha a la ciudad, pues habían inventado los fuegos artificiales. Lo que había traído color y alegría, también podía traer oscuridad y destrucción.

Y de esta suerte puede verse España con los Picapiedras con las riendas del Estado en sus manos. Manos con tal grado de acinesia que el dogal puede verse coronado por miles de hebras fraccionadas y sin solución de ensambladura factible.

Pedro Picapiedra y Pablo Mármol cuando se desadormecen, no mira si el día es soleado o nublado. Se miran al espejo y al unísono se motivan con la siguiente frase: “Odio a la personas creídas y ególatras no como yo, que soy guapo, listo y sexy y tengo los pies en el suelo”.
Con este calco de baratija así nos va. Salimos de lo peripatético para entrar en lo esperpéntico.

Hace un año que Juan Guaidó se declaró Presidente interino de Venezuela por considerar a Nicolás Maduro un usurpador. El primer país en reconocerlo fue Estados Unidos. Para no ser menos que Donald Trump, el Pato Donald. El 4 de Febrero de 2019, de la Era de Nuestro Señor Jesucristo, Pedrito Picapiedra reconocía como nuevo “presidente encargado” de Venezuela con la intención de que convoque cuanto antes unas elecciones libres y reconocidas por todos, Junto con otros países como: Alemania, Reino Unido, Francia, Dinamarca, Austria y Suecia.
Una posición comprensible porque Pedrito Picapiedra quiere estar como mi hija marihuerta, el ojo en el huso y el otro en la puerta. Que aquí no vale el refrán de estar en misa y repicando porque el clero y él no sintonizan en la misma frecuencia.

Pero hete aquí, que Pedrito Picapiedra, se enamoró perdidamente de Pablito Mármol. Hízolo como el poema de Francisco de Quevedo “Amor más allá de la muerte:
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, más polvo enamorado.

Y cuando Juan Guaidó visitó España, recientemente, el “guaperas” según Antonio Burgos, se marcó un missing. Pero antes cuán melodía musical que entra por el oído y va directa al corazón, le susurró a la Ministra de Exteriores, como mujer empoderada que eres, recíbelo tú. Y la nena muy obediente recibió a Juan Guaidó, según propias palabras “en nombre de un Gobierno que reconoce a Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela” y “como presidente encargado de Venezuela.” Un Gobierno “que lo que busca es que se celebren elecciones libres transparentes, y democráticas lo antes posible en Venezuela” y que quiere “un arreglo entre venezolanos”. El Gobierno de Pedrito Picapiedra “está trabajando todos apoyando a los venezolanos, muchos de ellos en situación crítica”. Pedrito Picapiedra, desde el Falcón, está todo el día pico, pala, pico, pala.

No te enerves cuchicuchi. La Excelentísima Ministra, de Asuntos Exteriores, Interiores y Celestinos, ha puesto palabras en mi boca que yo jamás pronunciaría. Por nada del mundo te traicionaría. Que yo a tí,toito te lo consiento, hasta faltarle a mi mare, que aunque mare no hay más que una, y a ti, te encontrara en la calle. Tú y yo pegados con Ceys; y si falta hiciere sepultados cuan amantes de Teruel: muerta ella, muerto él.

Toda esta pasión de buitres carroñeros ha salpicado a Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Al sevillano no le gustado ni poco, ni mucho, ni poco, ni nada que Pedrito Picapiedra no haya recibido a Juan Guaidó en la Mocloa, porque en palabras de Felipe González es el : “único representante legítimo democráticamente, de acuerdo con la Constitución de Venezuela”.

Entretanto, el contador de nubes y la tierra no pertenece a nadie. Salvo al viento. Sigue contando nubes góticas y haciendo girar las aspas de los molinos para que el viento sople con más fuerza y en mayor cantidad; y por ende, tenga más poder sobre la tierra; es más partidario de Nicolás Maduro, del infortunio del pueblo venezolano y de los postulados de Pablito Mármol.

Los Poemitas que ya han tocado pelo y consideran que la enseñanza en España es la excelencia total y absoluta; han nombrado a Manuel Castells como Ministro de Universidades. Su primera labor ha sido tomarse unas vacaciones de diez días y dejar el Ministerio mango por hombro. Bastante trabajo le da ya su sociedad Strategic Thinking S.L., de la que fue administrador en los años 2003 y 2007, sin trabajadores, sin actividad política, ni económica. Sólo la utilizaba como persona física y beneficiarse del tipo impositivo único del Impuesto de Sociedades, mucho menor que la escala del IRPF que le hubiera correspondido.

Henchidos de amor lo Moraditos se apuntan la subida del Salario Mínimo Interprofesional, los del puño y la rosa se enredan con la sedición. Y de Venezuela mejor no hablar. Que pase de míi este cáliz, estarán pensando. Esto no es hacer política, esto es repugnante y asqueroso. El Gobierno mantiene al embajador de Maduro en España y no reconoce al de Juan Guaidó: “Esto es una oficina”. Y el Gobierno de España repulsivo.

No se puede tratar con prioridad, a quien te maneja como opción; porque te puede atornillar al suelo y embutirte en sus pecados. Ser ególatra es el hontanal de todas las miserias. En tanto que la meta del ego es no ver algo, sino ser algo; aunque ese algo se traduzca en un ser absurdo y villano. Hace falta tener valor para levantarse y hablar; pero hace falta, aún, tener valor para sentarse y escuchar.
Son tres «muchos» y tres «pocos» los que destruyen a las personas:
– Mucho gastar y poco tener
– Mucho hablar y poco saber
– Mucho presumir y poco valer.

Y como decía Sófocles.” Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo”. Como también hay gente que te inspira y gente que te agota. Los políticos actuales, en su mayoría agotan. Pero no olviden que entre tantas liebres ególatras, las tortugas siguen ganando carreras, batallas y hasta guerras.

Lucía Ballesteros

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