¡ALERTAS!

Coronavirus y confianza en los que mandan

Desde 1978 los que forman a los jóvenes políticos de todos los partidos les exigen como primera condición de liderazgo electoral que ilusionen, y como segunda, que ofrezcan esperanzas. Me tragué charlas de esas o he leído a los santones de la formación del PSOE, PP. UP o Ciudadanos, repetir esa gilipollez, o como mínimo simpleza, que aun así es bien cierta por culpa de nosotros, los votantes.

Ninguno plantea: decid la verdad y que la gente os vote o no. ¿Quiere usted la verdad? Muchos no: la verdad es responsabilidad, y la responsabilidad da pereza. Por eso cuando llegan momentos difíciles en la sociedad me pregunto si me están diciendo lo que pasa.

No creo que por regla general estemos en manos de mala gente que nos oculte información ni anteponga sus intereses a los de la ciudadanía. En serio, eso no sucede habitualmente y debemos dar un margen de confianza a los que gobiernan en cada momento. Pero siendo eso así, también es cierto que la mayoría lleva muy arraigado una forma de ejercicio del cargo público que le impide tratarnos como lo que somos, los jefes, los que decidimos aunque sea de tarde en tarde, y tienden a endulzarnos el mensaje y citarnos con un mejor futuro, precisamente porque casi todos se han impregnado de ese atroz manual del político.

En la España de la última semana el Ministro de Sanidad, curtido en la selva de la política catalana y con una suficiente trayectoria, no ha tenido otro remedio que alertar sobre que lo peor está por venir. Parece por fin romper con el absurdo discurso del otro político/científico, el señor del pelo ensortijado y ojos claros, que se ha tragado hasta ahora el dar la cara de todo.Este hombre no sé si será buen médico, pero ha querido ser un buen político usando la cercanía para tranquilizarnos: la cuestión es que la mayoría solo queríamos la verdad y aquí ha venido su problema al presentar sonadas y documentadas contradicciones que le han supuesto una merma de confianza.

Los técnicos, científicos, médicos o especialistas en cualquier tema son imprescindibles en la acción política, e irremplazables cuando llegan situaciones excepcionales, pero no se pueden comportar como políticos y encima como los políticos malos que campan a sus anchas, trepando al socaire de la decisión última del líder redactor del argumentario o la directriz.

La alternativa mejor, me atrevo a sugerir, es que sean claros con los gobiernos a los que asesoran, y que luego estos den la cara, y tomen decisiones valientes en base a sus informes (a todos los informes), y sin dar los carguitos a los entendidos que les soplan lo que ellos desean oír, o escogiendo sólo algunas opiniones científicas y no todas. Tras ese proceso, y si eso hicieran, nos quedaríamos más tranquilos cuando oímos cada día al ministro o presidente de turno. Díganos la verdad, tome decisiones y cuéntenos en lo que se ha basado, con pros y contras: transparencia se llama, y nos vienen mareando con ella desde comienzos de siglo para luego pasársela por el arco del triunfo cuando más necesaria es.

Enrique Belda 

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