¡ALERTAS!

¡Miénteme que te vote!

Los pronósticos y previsiones sobre lo que se viene encima en nuestros países, es tan solo un pasatiempo en años tan difíciles como el presente. Sabemos las consecuencias en la salud y la economía, pero falta por conocer la magnitud: si serán solo muy graves, o serán terriblemente graves (vamos a ser optimistas, no diremos que serán irreparables, salvo para los fallecidos).

Lo que es completamente incierto es conocer las consecuencias políticas de toda esta vaina. La historia de la participación democrática nos dice que, cuando todo va mal, el poder se desgasta, y los líderes de los países suelen perder sus puestos dando paso a nuevos gobernantes. Sin embargo, como demuestran las recientes elecciones norteamericanas o las encuestas sobre intención de voto en España, esta conclusión está muy lejos de producirse al cien por cien, pues los gestores dudosos en fondo y forma, siempre tienen un plan B para salvarse.

El manejo de la sensibilidad y visceralidad del cuerpo electoral desde los medios nuevos y tradicionales, con recursos como el victimismo, la distracción, el miedo, la apelación a bajos instintos o las alusiones tribales simbólicas, es capaz de cambiar el destino lógico de las decisiones de un pueblo. No solo el manejo del poder, también el constatado desconocimiento que todos los que opinan públicamente (me incluyo) tienen del inaprensible fondo de la motivación humana, arroja como resultado esta imposibilidad de adivinar el futuro.  ¿Cuántos millones de norteamericanos, por ejemplo, han asumido que Trump está como un cencerro pero le han preferido, apostando que no se va a meter en sus vidas ni en su dinero?

Lo que sí me atrevo a pronosticar sobre el comportamiento de los electores, pase lo que pase, es que llegado el momento, inaplazable y cierto, inexorable, de que se le acabe al Estado el dinero para pagar todo esto que nos está pasando (en sitios como en España, donde aún se mantiene el grueso de los servicios públicos), votarán masivamente al que les engañe diciendo que no se preocupen, que ya lo pagará Europa, los ricos o los marcianos: todo antes que explicar que cuando se elige hay que responsabilizarse de la verdad de nuestro entorno, y saber el estado real de vidas y haciendas.

Miénteme como en junio, y dime que hemos vencido a la pandemia, así disfruto el verano aunque luego todo sea peor. Miénteme y dime que no quedará nadie atrás como en las otras crisis, pues hoy duermo tranquilo y mañana ya se verá.

El día que gane unas elecciones un político que proponga sudor y lágrimas, diciendo la verdad y haciéndonos a nosotros, al pueblo que manda, corresponsables de nuestro futuro, en ese momento la sociedad será mayor de edad. Confundir la esperanza con la mentira es el gran problema de quien se presenta a unas elecciones, y nosotros votantes, encantados de la farsa.

Enrique Belda

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